lunes, 28 de septiembre de 2015

El fascinante gato con botas

*Nota escrita por Jorge Valdano cuya publicación se hizo el sábado en la revista Récord, de México. Como no se digitaliza, acá va el texto del ex futbolista. Es que vale la pena cada reflexión en tiempos de apuro.



Probablemente fue Alfredo Di Stéfano quien dejó en el Real Madrid esa admiración hacia los jugadores que se entregan hasta el límite. Llevaba el número “9” en la espalda, pero se sentía con derecho a invadir todas las zonas del campo. Alfredo se cansó de hacer goles espectaculares, pero quienes lo rememoran parece que se han puesto de acuerdo en repetir la siguiente frase: “salvaba un gol en su arco y en la jugada siguiente marcaba un gol en el arco contrario”. Fue el primero de esa estirpe. Un revolucionario que marcó una pauta de conducta que siguieron otros ídolos del club. El último fue Raúl, un jugador de una inteligencia superior, pero que levantaba a los hinchas de sus asientos cuando se ponía a correr a todo lo que se movía, arrastrando hacia el esfuerzo al equipo entero. Son raros los jugadores técnicos y pausados que hayan sido indiscutibles en el Madrid: se me caen del recuerdo los nombres de Butragueño y Zidane. También Guti, aunque con menos regularidad. No muchos más.

Entre esos antecedentes y la entronización que los hinchas y los periodistas han hecho de la “actitud” y la “intensidad”, los jugadores contemplativos (por pensantes) han caído en desgracia. No siempre fue así. En mis tiempos correr mucho era casi un deshonor. Cuando me tocó debutar en Newell`s compartí delantera con el “Mono” Oberti, muy técnico, ya veterano, algo gordito y goleador. En uno de los primeros partidos le entregué una pelota levemente imprecisa que él no hizo ningún esfuerzo por alcanzar. La dejó pasar con desprecio y me dijo algo que nunca olvidé: “Nene, la pelota al pie; si no, dedícate a otra cosa”. No parece, pero esas humillaciones enseñan mucho.

Algún tiempo después entrené a Romario, un talento descomunal alérgico al sacrificio. Prefería pagar dos millones de dólares de multa antes que dar una vuelta a la cancha, y cuando hacíamos juegos de posesión (lo clásico: dar veinte pases seguidos se cuenta como un gol) se aburría como un caracol (y corría, también, lo que un caracol). Ahora sí, cuando el juego incorporaba una portería, en los últimos veinte metros del campo no vi nunca algo igual. Era imaginativo, hábil, veloz en distancias cortas, preciso… Casi infalible ante el portero. Metía goles de todos los colores. En ocasiones, su pasividad era tan elocuente que daban ganas de matarlo, pero yo no podía más que admirar su valentía. Aunque el mundo se viniera abajo, él solo corría detrás de los balones peligrosos, esos que si un jugador como él los alcanza, se convierten en medio gol. Cero demagogia, se pusiera como se pusiera la ansiosa hinchada. De ahí mi admiración.

Así llegamos a Benzema, que en estos días lleva el número “9” de Alfredo Di Stéfano en el Real Madrid. Cuando digo “en estos días” me refiero a estos tiempos en los que la tendencia pide sacrificio (“huevos” en lenguaje futbolero). Cuando digo “Real Madrid” me refiero a ese componente cultural que hace que los hinchas se entreguen al jugador que demuestre con esfuerzo su lealtad al escudo. Pero Benzema, que juega mejor que nadie, no responde a ese ideal que antepone la testosterona al talento. Es un nueve y medio, en ocasiones casi un diez si nos atenemos a ese estilo que parece disfrutar más de un buen pase que de un buen gol. Es el clásico jugador al que le perjudica el número que lleva en la espalda. Con lo fácil que es en estos tiempos ponerse el “18” o el “73”. El “9” pide un goleador. Y si es rabioso, mejor.

La hinchada está feliz porque en los primeros cinco partidos de esta temporada Karim Benzema lleva cinco goles, algunos de ellos fáciles y hasta feos, como los que marcó en Bilbao esta misma semana, pero que demuestran su “voracidad”, su “hambre”, su “agresividad”; en definitiva, todo lo que Benzema no es. Porque no estamos ante un goleador sino ante un gran jugador que marca goles. Todo lo contrario que Cristiano Ronaldo, que coloca la obsesión y la ambición goleadora por encima de cualquier otra cosa. Mientras Cristiano busca el arco, Benzema devuelve una pared; elimina a un rival, hace un movimiento inteligente para que un compañero encuentre espacios; frena para quitarle vértigo a un equipo que, con Bale y Cristiano, a veces se pasa de velocidad… En fin, juega. En el momento en que el número de goles no sea coherente con el número que lleva en la espalda, volverá a ser discutido. Porque el pueblo está mucho más pendiente de sus errores que de esa capacidad para hacer mejores a sus compañeros.

En el fútbol todo es opinable. Sin embargo, sufro cuando hay que defender lo obvio. Porque Benzema tiene grandes admiradores (entre los que me cuento) y grandes detractores, y eso nos pone ante discusiones interminables. Fue puesto muchas veces en duda desde su llegada, pero como todos los grandes que he conocido, no negocia su estilo ni a palos. Juega como el hombre tranquilo que es. A su llegada al Madrid era un joven relajado de apenas veinte años que no había salido de su país, de su ciudad, de su club. Admiraba a Ronaldo (el gordo) y aunque parecía, como su ídolo, pasar de todo, tenía el triunfo entre ceja y ceja. Hay gente que amaga hasta en su forma de vida: parece una cosa y es otra. Tropezó con el idioma más tiempo del aconsejable, pero a pesar de las lógicas dificultades de adaptación social, en la cancha siempre respondió con un juego lúcido que tenía la virtud de clarificar todas las jugadas de ataque en las que participaba. Cuando llegó al club Mourinho, uno de esos entrenadores que aman a los Diego Costa muy por delante de los Benzema, le llamó “Gatito”. Sabemos que los gatos son de la familia de los felinos, como el león, el tigre o la pantera, pero Mou no iba por ahí. Los “gatitos” son domésticos, pacíficos e inofensivos. La cosa es así: si Benzema no metía goles, Mourinho tenía razón, es un “gatito”; y si Benzema marcaba goles, es porque Mourinho lo ayudó a espabilar llamándole “gatito”. Hay gente que siempre tiene razón.

Pero Benzema, en su sexta temporada en el Real Madrid, sigue vivito y coleando haciendo honor a las siete vidas que el lugar común le concede a los gatos. Adaptado socialmente, chapurreando el castellano, pasando por encima de las dudas generales, habiendo superado las humillaciones gatunas y marcando goles sin olvidarse de jugar divinamente al fútbol. Pero como también los cracks deben dejar constancia de que su talento es práctico, debo decir que han sido los números (goles que valieron puntos) y no su juego inteligente y sutil, el que le ha procurado el reconocimiento de estos días.    


Karim Benzema seguirá haciendo goles y nunca parecerán suficientes porque tiene al lado a un animal goleador insaciable que lleva las estadísticas hasta un lugar inalcanzable. Nadie en la historia del club, en un tramo de más de cinco años, ha sido capaz de marcar más goles que partidos jugados. Gloria a Ronaldo. Pero también gloria a Benzema, acompañante generoso que alimenta a ese animal con sus movimientos y sus pases medidos. Recordándonos que los jugadores no solo son grandes por lo que dicen los números, sino porque conocen todas las reglas de asociación que pide este juego al que estamos simplificando hasta límites inconcebibles. Hasta tal punto que la inteligencia colectiva, a la que tanto contribuyen los jugadores como Benzema, hay que explicarla como si se tratara de una excentricidad. Qué cruz.

martes, 2 de junio de 2015

Por qué ni una menos

#NiUnaMenos fue la consigna que circuló por las redes sociales para convocar a la marcha que se llevará a cabo hoy en el Congreso, desde las 17. Más allá de concurrir, es una tarea cotidiana la de intervenir en cualquier caso, concientizar y preguntarse qué hay detrás de ese pedido de basta de desaparición, maltrato y asesinato de mujeres.
Ni Una Menos porque hay que frenar con la cosificación de la mujer. No son objetos ni le pertenecen al otro ni al mejor postor. Son de ellas; con sus ideas, sus ganas, sus errores, sus virtudes, su imprescindible existencia en un mundo que cada vez toma más conciencia a la par que no logra terminar con esa cadena verticalista y de privilegios impuesta por el hombre, en la que se cree un ser superior.

Ni Una Menos porque hay que frenar con la trata de personas. Y eso abarca las enormes redes con el objetivo de secuestrar mujeres para explotarlas, la complicidad policial y judicial, el silencio del vecino y lo cómplice que son los medios hegemónicos de comunicación desde su desinformación, estigmatización y poca importancia que le brindan al problema. Porque hay que terminar con el odioso “por algo será” o el miserable “y, mirá cómo se vestía” para justificar la desaparición de una muchacha.

“El problema empieza cuando a la mujer se le ve primero el culo y las tetas que los ojos”.

Ni Una Menos porque ellas no son una mercancía. No son lo que son por el tamaño de sus tetas ni la perfección de sus colas. No. Son lo que son por lo que hacen, por lo que transmiten, por el simple hecho de ser alguien.

Ni Una Menos porque los femicidios aumentan, la trata no cesa, la explotación sexual no se frena. Sin clientes no hay trata. No es una cuestión de estado ni del otro, sino de todos, de cada ciudadano, de cada institución y de cada mayor ante su hijo. Concientizar al otro, empezando por uno mismo. Hay que desnaturalizar la violencia de género, el piropo grosero que no es piropo. Hay que ayudar a denunciar las violaciones o los maltratos.

Ni Una Menos porque la mujer no es una cosa. Porque lo que la publicidad, los programas de 30 puntos de rating y el sistema impone no es la verdad. Es una mierda. Una mierda que forma personas, que las llena de ideas basuras, le mete en el cerebro que la mujer vale por su físico y no por lo que es. Luchar contra eso. Que las minas no se queden apartadas de esa lucha y exigencia por una sociedad más justa, igualitaria y de derechos.

Hay una belleza que por cierto no es la corporal y es la más linda e importante de todo. Eso nos ocultan. Ese puede ser un buen punto para empezar a desbaratar lo establecido, lo que vende, lo que nos metieron en la cabeza desde chiquitos.

Ni Una Menos para luchar por los derechos humanos de todos, no sólo de unos pocos. Porque hay que gritar basta de violencia. Porque violencia también es que el aborto no sea seguro, legal y gratuito. Eso es fomentar la desigualdad entre las que tienen y las que no un poder adquisitivo mayor.

Ni Una Menos porque una mujer no vale menos si es gordita, usa anteojos o posee una cadera ancha. Esa mujer es víctima de un maltrato psicológico que no tiene vuelta atrás. La sociedad la juzga, las prejuzga y las utiliza según su físico. Vale para la tele y para ser protagonista de las publicidades y promociones si tiene unas curvas exuberantes y un físico envidiable. Bajo esa lógica nos han criado y vivimos cotidianamente.

El puño hacia arriba es luchar contra todo este maltrato. La tarea es de todos.

miércoles, 6 de mayo de 2015

El Barsa, el Bayern y la lealtad al juego

Un partidazo de fútbol se jugó ayer por la ida de una de las semifinales de la Liga de Campeones, en la que el Barcelona goleó 3-0 al Bayern Múnich. Sin embargo, desde esta columna no se analizará los motivos de la victoria (Messi y qué más) sino la lealtad que se notó al juego limpio, bien jugado, pelota por el piso y dos elencos predispuestos a arriesgar y jamás especula


¿Cuántas veces se escucha vociferar que “son instancias de mucha presión” o que “hay mucho en juego” para excusarse de lo pálido que fue el partido, de los pelotazos, de los miedos a intentar? Esas falacias se terminan cuando hay convicciones, ganar de divertirse, de amar la pelota y arriesgar. Todo eso y más se vio ayer en el Camp Nou, donde alrededor de 100 mil espectadores disfrutaron de dos conjuntos que jamás le tuvieron miedo a intentarlo. Pasión.

Presión hasta el área rival, arqueros que nunca se sacaron de encima una pelota, buscar constantemente un pase entre líneas para progresar con pase, líneas defensivas adelantadas y tirando constantemente el achique para quitarle espacio al contrincante, buen pie y demás. Además de precisión, controles orientados y un desenlace que fue tal como consecuencia de un genio con nombre y apellido: Lionel Messi. La monotonía que no pudo romper el elenco alemán por las ausencias de futbolistas como Robben o Ribéry, sí la tuvo el Barcelona con este astro que hace lo que quiere.

Nunca una patada, una brusca protesta ni un portero tirándose al piso o tardando para sacar. Todo fue cuestión de querer apurarse para darle continuidad al espectáculo, de que los centrales sean uno más en el circuito de juego, de guardametas adelantados y arriesgando con posesiones de balón. Son cuestiones de filosofía, de convicciones y de demostrarle al mundo futbolístico que se puede arriesgar y jugar así en instancias decisivas, con todos los ojos puestos allí y con decenas de consecuencias en caso de ganar o perder.


Puede haber unos perdedores y otros ganadores, pero el deporte, la valentía, el intentarlo y la buena conducta dieron el ejemplo entre estas dos potencias futbolísticas, con intenciones similares de cómo encarar cada cotejo que disputan. Les tocó verse las caras. En Berlín, el 6 de mayo, por la final de la Champions, el buen juego está asegurado.

viernes, 13 de marzo de 2015

¿Vos preferís jugar bien o ganar?

Un fútbol bastardeado por el resultadismo tiene hace décadas una pregunta de imposible solución, la cual, con algunos argumentos, se tratará de responder sin entrar en el falso debate de lo que propone el título.


No son pocos, vaya ellos, los que piensan que lo único que vale y que sirve es ganar. Son los mismos que analizan un partido o una situación desde el resultado, pero nunca de cómo se llegó a ella. Si perdiste pero jugaste mucho mejor y pegaste cuatro tiros en los palos, mientras que el rival se tiró todo atrás y en una contra te ganó el partido, lamentablemente ese elenco se llevará la tapa del diario y cualquier crítica partirá desde allí. Un resultadismo caníbal que penetró en una sociedad cómplice y que sigue el ritmo de los medios de comunicación que bajan el mensaje “primero ganemos, después vemos cómo”. ¿Hay un cómo realmente detrás de esa importancia primordial de la victoria?

“Ganar como sea”, se escucha por allá; “hoy hay que sí o sí”, baja desde la tribuna; “juega bien pero nunca ganó nada”, vociferan aquellos que defenestran el fútbol bien jugado y al que poco les importa llegar; “lo importante era ganar”, repiten otros. En cambio, cuando aparece alguien al que sí le importa las formas y más el camino que el final, aparece una típica y constante respuesta: “Si te dan a elegir, ¿preferís jugar bien o ganar?”.

No estaría mal aclarar, ante todo, que ganar no es una elección. Sí lo es la búsqueda de cómo hacerlo, desde cómo se entrena hasta lo plasmado sobre el terreno de juego. Luego puede salir o no, pero la intención y qué jugadores están en cancha así lo determinarán. ¿Quién elige ganar? ¿Quién perder? ¿Alguien optaría por la segunda? Nadie. El fútbol, dinámica de lo impensado, como nos dejó para siempre Dante Panzeri, es una acumulación de momento, de improvisaciones y de situaciones instantáneas que hay que resolver.

Entonces, quien pregunte si es mejor ganar o jugar bien, posiblemente tilde a su “contrincante” del debate como romántico, como a alguien que le gusta “jugar lindo”. ¿Qué es eso? Bien o mal jugado. No hay otra opción de cómo desempeñarse en el deporte más maravilloso del mundo, feamente convertido en un negocio. ¿Para qué ganar si durante el trayecto padecimos la forma de juego? ¿Para qué jugar si no es para divertirse y brindar un buen espectáculo?

“El fútbol que vale es el que queda en el recuerdo”, expresó una vez el Negro Fontanarrosa.

Y allí están, por citar algunos casos, la Holanda del 74, el Huracán del Clausura 2009, la Hungría de 1954 o Brasil de 1982. No salieron campeones. ¿Y? Serán recordados por siempre. También está el caso de muchos campeones a los cuales, para memorizarlos, habría que entrar a Internet o ir a un archivo. Otros, están en la memoria colectiva porque dejaron una huella e hicieron escuela. ¿O alguien va a dudar que el Barcelona que dirigió Pep Guardiola estará por siempre en la memoria por lo que jugaba por encima de los títulos obtenidos?

La alegría es un factor que parece olvidado pero imprescindible para el desarrollo de la vida. Hacerlo bien.

“Jugar bien –como piensa Ángel Cappa- para ganar, ya que el que mejor juega tiene más posibilidades de ganar”. El fútbol es felicidad, es rebelde y por eso tiene caprichos como que el que peor lo haga, en ciertas oportunidades, se quede con la victoria. A aquellos que desprecian el buen juego y el goce del mismo, no les vendría nada mal escuchar a uno de los creadores de la metodología de entrenar del Barcelona, Paco Seirul-lo: “Debemos construir un proyecto que permita a los jugadores que se enamoren del juego”.

Mientras más enamorados por el juego haya, más se disfrutará sobre el verde césped. A más enamorados, más curiosos por entender cada concepto futbolístico. A más enamorados, menos a los que sólo les importe ganar o que eso sea lo primordial. Mientras más enamorados, menos locura por vencer y más placer con el balón en los pies. También, menos que hablen de trabajo y más del juego.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Todo se sabe, nada se disfruta

La planificación, la destrucción del hombre
Una gambeta, un quiebre de cintura, un viaje, una salida con amigos…Todo, y más, sería más interesante si fuera una aventura, algo espontáneo, algo que va surgiendo en el camino, en el andar del momento…La tecnología y la modernidad avanzó en ciertos sentidos, pero le quitó al ser humano ese placer de la espontaneidad.

“Aburrirse es besar la muerte”, Gómez de la Serna.

“Si todo evoluciona, se moderniza y se planifica, ¿por qué con el fútbol no puede pasar lo mismo?”. Dante Panzeri tomaba esta afirmación como cabecera para defenestrar a los tecnócratas que empezaban a desembarcar en el fútbol creyendo que todo se podía planear. “Cualquier sistema se termina con la primera gambeta”, es una de las frases que mejor le caben al fútbol. ¿Quién se cree capaz de pensar que es posible planificar un enganche, una asistencia, un caño?


Dante Panzeri fue un fiel defensor de lo improvisado y que en el capítulo 15 de su Dinámica de lo impensado, escribió: “El mero viajar, hasta hace unos años escapismo ideal y refrescante de la mente sometida a la rutina cotidiana de lo organizado, es así, por vías de la organización de este oleaje tecnológico que acrecienta la angustia del hombre tiene para sentirse presidiario de lo previsto que impone la era tecnológica…hasta para divertirnos”.

¿Qué más placentero, en la vida, en el fútbol, en cualquier actividad, que algo que “sale en el momento”, se ocurre espontáneamente y no se planificó?

“Cuando se sabe lo que va a pasar no puede pasar nada puesto que ya pasó”, decía el escritor Julián Marías, quien relacionaba la frase con lo que, allá por los cincuenta-sesenta, empezaba a pasar con el turismo, el viaje: todo se sabe, la hora de salida, de llegada, qué se almorzará, las excursiones a realizar, los lugares a visitar, cómo es donde se irá, a qué hora se irá al teatro, el menú de toda la estadía. Todo se sabe, nada se disfruta.

El disfrute y goce de la vida se muere con el aburrimiento, que es cuando todo se vuelve monótono, rutinario, planificado y reiterado. ¿O acaso, por poner como ejemplo al fútbol, miles de hinchas que concurren a los estadios no se levantan de sus asientos para aplaudir cuando ve algo distinto, ya sea un caño o una finta?

“El hombre-tecnológico no va dejando sitio sin invadir con su técnica, SU ANGUSTIA POR LA SEGURIDAD QUE CURIOSAMENTE LO HACE MUY INSEGURO…y se extiende en su invasión hasta el mismo mundo del hombre que juega, viajando o disputando un partido de fútbol”, Dante Panzeri. Lo moderno no tiene por qué ser bueno, lo antiguo no tiene por qué ser caduco. Panzeri explicaba: “Es el contrafilo de la tecnología que nos enriqueció el confort de la vida y nos está matando todo lo que hace al hombre que juega (con pinceles, con una pelota, con naipes, con viajes, o con su natural inclinación al amor)”.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

“Este sistema excluye totalmente"

La Poderosa lleva ese nombre en homenaje a la moto del Che Guevara
La Garganta Poderosa, Barricada TV y Radio Sur. Un medio gráfico, uno de televisión y otro radial. Ambos, todos, los tres, brindaron anoche una charla en la Facultad de Ciencias Sociales de Constitución para acercar sus conocimientos y objetivo, en el cual coinciden: construir canales alternativos a lo que informan (y muchas veces no) los medios hegemónicos, hacer ver la realidad de las villas e informar acerca de problemáticas que, por intereses o porque no vende, los grandes poderes informativos no cuentan.

¿Por qué los medios más masivos, llámese América, Clarín, TN y Canal 13, C5N, etc. estigmatizan? ¿Son su postura verdadera y responden a las bajas de línea? ¿Por qué en los zócalos televisivos escriben que hay usurpadores u ocupas a personas que simplemente desean poseer una vivienda digna? ¿Por qué no se les reconoce sus derechos? ¿Por qué no son escuchados? Los medios alternativos llegaron, en parte, para suplir con esas obligaciones de un periodista.

“Desde La Garganta Poderosa hemos logrado que se conozca el grito de las villas. Necesitábamos un medio de comunicación porque no podíamos permitir que cada vez que América hacía un documental diciendo que la Zavaleta era un infierno y que todos son pirañas y que toda la gente que vive ahí es narco nos repriman”, expresó Eugenia, de la organización La Poderosa. Además, remarcó en uno de los objetivos para transformar la sociedad: “es una lucha constante para ser parte de la gente que toma decisiones”.

Decisiones como urbanizar las villas; ponerles agua, luz; brindar viviendas para vivir dignamente; luchar por una escuela pública y no lo excluyente que es todo lo privado. Tomar las decisiones que otros no quieren porque sólo miran para un sector de gente.


El evento fue organizado por el grupo La Brújula, perteneciente a la organización de Camino de los Libres, con el título de Medios y Territorio. ¿Cómo es posible llegar a un público masivo? Una de las consignas que tiene Gabriel, operador de Radio Sur, es “no hablarle a los convencidos” porque se estaría perdiendo una buena parte del público. “La masividad es importante, entonces ellos (medios monopólicos) hicieron famosos a los famosos y nosotros se lo robamos a ellos para decirle al Kun Agüero que pida la urbanización ¡por favor! y para decirle a Bianchi que nos haga un esquema de las ambulancias porque la gente siente que se va a morir porque las ambulancias no llegan. Nosotros hicimos todo esto para tratar de cambiar esta realidad. Nosotros queremos la urbanización y la revolución si fuera posible. Y en eso lo masivo y lo territorial está todo junto”, aseguró, convencida y sintiéndolo, Eugenia.

Sofía, comunicadora de Barricada TV, un canal que funciona desde el barrio de Almagro, más precisamente en la fábrica metalúrgica IMPA recuperada por los trabajadores, definió a su espacio así: “nos caracterizamos como un canal alternativo, popular y comunitario. Alternativo porque somos alternativos al sistema capitalista, que aporte a la transformación de la sociedad. Popular porque tenemos una tendencia dentro del campo popular y Comunitario por el sentido de pertenencia”. “Nuestro objetivo es contar lo que para Clarín no es noticia”, añadió.

Hubo otra comunicadora de LGP, Daniela, quien contó su historia acerca del viaje a Bolivia para entrevistar al presidente de ése país, Evo Morales: “Viajar fue una locura, porque nosotras nos mandamos sin haber tenido la pauta de esa nota. Viajamos sin un mango. Estuvimos tres semanas en Bolivia buscando la nota, teníamos el contacto con la Ministra de Educación. Tuvimos que recolectar latas para sobrevivir. Aprendí a valorar el esfuerzo por subsistir”.

“Nuestro objetivo es que se conozca nuestra realidad y que desde los medios masivos, que nos tildan de chorros, se cuente. Nadie cuenta que las personas salen a las 4 de la mañana a laburar, en negro, para llevarles un plato de comida a sus familias. Los medios masivos no cuentan que esa persona no tiene otra que laburar para darle de comer a su hijo. Sin este medio no sabrían lo que le pasó a Kevin, a Luciano Arruga”, esbozó, conmovedora, Daniela.


Claro que siempre está esa puja contra los medios masivos de comunicación, esos que más veces responden a intereses comerciales que informar a la gente. Miles de historia se hubieran quedado a contar los protagonistas de la charla. “Cuando pasó lo de Kevin, vino Canal 7 y a la noche sacó un zócalo diciendo que La Poderosa marcha a tribunales para reclamar por el enfrenamiento de bandas narco, cuando en realidad fuimos a Tribunales a denunciar a la Prefectura y a la Gendarmería”. Palabras de Eugenia, quien también dio a conocer que el Gobierno de la Ciudad se ofreció para estar en la revista y aportar económicamente, a lo que los de La Garganta respondieron que “si tiene plata de sobra que construyan las cloacas en las villas”. Todo un mensaje, una forma de vivir y de sentir.

Seguir el camino del Che, el de Fidel Castro, el de Chávez es hacia donde apuntan estas voces alternativas. “Nosotros creemos que estamos llamados a hacer historia”, fue una de las últimas frases de Eugenia. Que así sea, todo para vivir en un mundo menos desigual y que atienda a todos por igual.

lunes, 4 de agosto de 2014

Prohibido divertirse

Por Lucas Abbruzzese – Bastante alegría y sonrisas le han quitado al fútbol (este Mundial, lleno de goles y equipos con intenciones de atacar y buen trato de pelota) dentro de la cancha como para que ahora se las quiten desde la línea de cal hacia afuera.

El fútbol parece no tener retorno. No, perdón, el fútbol no. La gran mayoría de la gente que habla y rodea al deporte más hermoso del mundo parece no tenerlo. Hace décadas que el juego, la felicidad, el amor por la pelota (salvo excepciones, como siempre), el simple hecho recreativo y la diversión han sido reemplazadas por términos como seriedad, sacrificio, esfuerzo, trabajo…¿Quién puso la primera piedra? ¿Por qué se adhirieron otros tantos? ¿Creyeron que hablando más difícil (?) y usando esos vocablos era necesario y mejor para ingresar y permanecer en el negocio?

“El fútbol, para ser serio tiene, que ser un juego”, nos explicaba Dante Panzeri. Y esa seriedad para jugar se fue, desapareció de las declaraciones de los futbolistas. Ahora, se es serio para trabajar. Se trabaja en zonas de la cancha, se trabaja pisando una pelota, tiran un caño y expresan “¡qué gran trabajo!”…Quien se crea que eso es un trabajo, vaya problema. Es un juego. Es como esbozar: “Voy a trabajar en el ludo”.
“El futbolista, ¿ser humano o ser objeto?”, se preguntó (y se plantea) Fernando Signorini en su libro Fútbol, llamado a la rebelión.

Desde sectores de la prensa, continuando por algunos repetidores, pasando por la parte dirigencial y no olvidándonos jamás de los directores técnicos; todos les han quitado la alegría al fútbol y han tomado al jugador como una pieza, como alguien secundario en todo esto, como quien debe trabajar y no jugar, como un ser humano que se está desarrollando laboralmente y no divirtiéndose y jugando. A eso llevaron deporte de la número 5. ¿Alguno cree que tipos como Di Stéfano, Maradona, Cruyff, Pelé, Zico trabajaron y no jugaron? Ellos sacaron diferencia, además de por el talento natural, porque se divertían y consideraban esto como un juego.
Interesante, como tantos otros, rescatar el siguiente párrafo escrito por Signorini en su Deshumanización del deporte: “Los hombres jugaban para divertirse. De eso se trataba. Después, mucho después…sin prisa pero sin pausa, el consecuencialismo ético (teoría filosófica que afirma que las acciones deben ser juzgadas solo por el resultado) fue ganando adeptos a través de su variedad más conocida: el utilitarismo”.


Mientras algunos hablan de trabajo, otros cracks siguen divirtiéndose como niños y desde allí sacando la diferencia. A la par que algunos ven al fútbol como una labor; Riquelme la pisa y se ríe, Messi encara y guiña el ojo, Neymar tira caños y sombreros sin importarle a esos que le prohíben alegrarse con un simple balón de fútbol. Atorrantes, pícaros, quiebres de cintura, pases entre líneas…Escasean, y gran parte es en consecuencia de que desde en las bases se busca la fuerza, la seriedad, la cara de mala persona para genera miedo en el rival (?) y no la improvisación, el momento y la sonrisa. Prohíben alegrase. Pregonan el resultado sin importar cómo.
Prohibida ya su diversión en el verde césped, ahí donde se definen los momentos y los partidos, ahora parece que tampoco es posible hacerlo de la línea de cal hacia afuera. Al menos, así quedó demostrado luego del chorro de agua que le tiró Ezequiel Lavezzi a Alejandro Sabella en pleno partido ante Nigeria. Que es un mal ejemplo, que los chicos repiten eso, que le cayó mal al entrenador, que no tiene autoridad, que es un maleducado y un sinfín más de calificativos inentendibles. El Pocho le quitó seriedad al asunto y apretó un poco más su botella. Entre risas, dejó en claro que lo serio no es cosa del fútbol.