lunes, 4 de agosto de 2014

Prohibido divertirse

Por Lucas Abbruzzese – Bastante alegría y sonrisas le han quitado al fútbol (este Mundial, lleno de goles y equipos con intenciones de atacar y buen trato de pelota) dentro de la cancha como para que ahora se las quiten desde la línea de cal hacia afuera.

El fútbol parece no tener retorno. No, perdón, el fútbol no. La gran mayoría de la gente que habla y rodea al deporte más hermoso del mundo parece no tenerlo. Hace décadas que el juego, la felicidad, el amor por la pelota (salvo excepciones, como siempre), el simple hecho recreativo y la diversión han sido reemplazadas por términos como seriedad, sacrificio, esfuerzo, trabajo…¿Quién puso la primera piedra? ¿Por qué se adhirieron otros tantos? ¿Creyeron que hablando más difícil (?) y usando esos vocablos era necesario y mejor para ingresar y permanecer en el negocio?

“El fútbol, para ser serio tiene, que ser un juego”, nos explicaba Dante Panzeri. Y esa seriedad para jugar se fue, desapareció de las declaraciones de los futbolistas. Ahora, se es serio para trabajar. Se trabaja en zonas de la cancha, se trabaja pisando una pelota, tiran un caño y expresan “¡qué gran trabajo!”…Quien se crea que eso es un trabajo, vaya problema. Es un juego. Es como esbozar: “Voy a trabajar en el ludo”.
“El futbolista, ¿ser humano o ser objeto?”, se preguntó (y se plantea) Fernando Signorini en su libro Fútbol, llamado a la rebelión.

Desde sectores de la prensa, continuando por algunos repetidores, pasando por la parte dirigencial y no olvidándonos jamás de los directores técnicos; todos les han quitado la alegría al fútbol y han tomado al jugador como una pieza, como alguien secundario en todo esto, como quien debe trabajar y no jugar, como un ser humano que se está desarrollando laboralmente y no divirtiéndose y jugando. A eso llevaron deporte de la número 5. ¿Alguno cree que tipos como Di Stéfano, Maradona, Cruyff, Pelé, Zico trabajaron y no jugaron? Ellos sacaron diferencia, además de por el talento natural, porque se divertían y consideraban esto como un juego.
Interesante, como tantos otros, rescatar el siguiente párrafo escrito por Signorini en su Deshumanización del deporte: “Los hombres jugaban para divertirse. De eso se trataba. Después, mucho después…sin prisa pero sin pausa, el consecuencialismo ético (teoría filosófica que afirma que las acciones deben ser juzgadas solo por el resultado) fue ganando adeptos a través de su variedad más conocida: el utilitarismo”.


Mientras algunos hablan de trabajo, otros cracks siguen divirtiéndose como niños y desde allí sacando la diferencia. A la par que algunos ven al fútbol como una labor; Riquelme la pisa y se ríe, Messi encara y guiña el ojo, Neymar tira caños y sombreros sin importarle a esos que le prohíben alegrarse con un simple balón de fútbol. Atorrantes, pícaros, quiebres de cintura, pases entre líneas…Escasean, y gran parte es en consecuencia de que desde en las bases se busca la fuerza, la seriedad, la cara de mala persona para genera miedo en el rival (?) y no la improvisación, el momento y la sonrisa. Prohíben alegrase. Pregonan el resultado sin importar cómo.
Prohibida ya su diversión en el verde césped, ahí donde se definen los momentos y los partidos, ahora parece que tampoco es posible hacerlo de la línea de cal hacia afuera. Al menos, así quedó demostrado luego del chorro de agua que le tiró Ezequiel Lavezzi a Alejandro Sabella en pleno partido ante Nigeria. Que es un mal ejemplo, que los chicos repiten eso, que le cayó mal al entrenador, que no tiene autoridad, que es un maleducado y un sinfín más de calificativos inentendibles. El Pocho le quitó seriedad al asunto y apretó un poco más su botella. Entre risas, dejó en claro que lo serio no es cosa del fútbol.

domingo, 15 de junio de 2014

Otro Mundial del negocio

Por Lucas Abbruzzese - Lesionados que se lo perderán; lesionados que estarán por contrato o por negligencia; ausentes porque sus selecciones no clasificaron; otros que no participarán por inentendibles decisiones de sus entrenadores...El fútbol pierde, también en un Mundial.


El jueves arrancó la Copa del Mundo. El espectáculo (fuera de la cancha, claro) está garantizado, aunque sobre el verde césped, durante los 90 minutos, las dudas acerca de su brillo y buen trato de pelota, están en duda. El Mundial será esa cruda consecuencia de lo que está sucediendo hace décadas en las temporadas: calendarios agotadores, futbolistas tenidos en cuenta como piezas y no como humanos, el negocio por encima de todo…Mientras tanto, Joseph Blatter, el presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), sacó a relucir el miércoles su deseo por continuar al frente del ente corrupto que se transformó en una transnacional. Poco importa el juego.

Las AUSENCIAS. El fútbol es de los jugadores. Los futbolistas son los verdaderos protagonistas. Ellos marcan la época, las formas y las tendencias. ¿Cómo va a ser posible disfrutar a pleno cuando entre muchas selecciones se quedaron sin torneo figuras de enorme talla, con habilidad, talento y buena salud para el espectáculo en el rectángulo?

El calendario futbolístico, ese impuesto por los popes que están sentados en sus oficinas y a los que solo les importa permanecer en el acto mercantil, es cada vez más agotador. Partidos entre semana, cada vez más invento de copas y supercopas, jugar hasta romperse todo. Para peor, la preparación para esos desafíos aumenta su peligrosidad. ¿Por qué? Porque durante las pretemporadas, en vez de practicar todos los ejercicios con la pelota, el elemento esencias de este deporte, los preparadores físicos se dedican a hacer correr los jugadores en montañas, en médanos, hacerlos cargar decenas de kilos de pesas en sus hombros. ¿Para qué? ¿Alguien sabe el fin? ¿O será que piensan que mientras más corpulentos y rápidos sean los intérpretes, mejor van a desempeñarse? Las mancuernas no enseñan conceptos del juego.

¿Cómo entender entonces que Cristiano Ronaldo, Arturo Vidal, Luis Suárez, Samir Khedira, Gundogan, Thiago Alcántara, Ribery, etcétera, etcétera lleguen en malas condiciones a la competición más importantes a nivel de selecciones? ¿Por qué juegan? La deshumanización del deporte es cada vez mayor. Ni los futbolistas, ni los entrenadores, menos los dirigentes operan para cambiar la situación. ¿Cómo entender, si no, que los jugadores no se rebelen contra los amistosos previos a la Copa del Mundo, esos que continúan atentando contra el físico? Montolivo, Reus son ejemplos claros de pérdidas para los cotejos oficiales que causaron esos mamarrachos de encuentros para “despedir a la gente”.

Para peor, y todo para peor, nada para mejor, los directores técnicos, esos que eligen quiénes jugarán, cooperan con el no fútbol. Atentan contra la alegría, la habilidad y la picardía. Uno de ellos, como el de Francia, dejó afuera a Samir Nasri. Uno de ellos, como el brasileño, se dio el lujo de no convocar ni a Ronaldinho ni a Kaká. Otro de ellos, el argentino, pensó que Tévez no era compatible con Messi y lo dejó sin Mundial. Ese mismo, este último, tiene en claro y decidido que ante rivales difíciles desarmará el póker ofensivo (Messi-Di María-Higuaín-Agüero) para priorizar lo defensivo y armar una línea de 5. Francesco Totti e Isco también son víctimas en esta lista, aunque el entrenador que dejó afuera al español, Del Bosque, optó por otro talento.

Para peor, y todo para peor, claro, se encuentran en esta lista fea y lamentable, los futbolistas que no participarán de Brasil 2014 porque sus selecciones no clasificaron. Sería otra la alegría de la copa si estuviesen en cancha hombres como Gareth Bale, Zlatan Ibrahimovic, Arda Turan, Alaba, Hamsik, Lewandowski…Pareciera que todo está confabulado en contra del fútbol, ese que cada vez es más tomado para ganar sin importar las formas.

lunes, 24 de marzo de 2014

¿Por qué Nunca Más?

Por Lucas Abbruzzese
“…quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: nunca más”. Con estas palabras cerraba el fiscal Julio César Strassera su petitorio en 1985 para exigir condena perpetua contra la Junta Militar que el 24 de marzo de 1976 tomó a la fuerza el poder en la Argentina. Hoy se cumplen 38 años y el Nunca Más ya se hizo libro.

Nunca Más desaparecidos. Nunca Más porque dictadura es retroceder, es desaparición, es persecución, es tortura. Es muerte. Nunca Más porque no se puede volver a repetir que intereses ajenos a los del país invadan con sus decisiones que afectan a los trabajadores, al pueblo y a los más necesitados. Nunca Más gobiernos sin el voto popular.

Nunca Más, tal como se grita cada 24 marzo con su asistencia a los actos cada vez más multitudinaria. Nunca Más se vocifera para pensar en las causas y consecuencias de por qué se llegó a eso. Nunca Más golpes de estados. Nunca Más para que no se sigan prologando las diferencias de clases, para que las industrias nacionales no dejen de existir, para que la desocupación no crezca, para que la pobreza no aumente. Nunca más porque tiempo después todo se paga y de la peor manera: con gente en la calle, sin trabajo.

Nunca Más Videla, ni Massera, ni Agosti, ni todos los genocidas que persiguieron, torturaron y mataron. Nunca Más la complicidad civil que ayudó (y sin ella hubiese sido difícil que todo se lleve a cabo) a los militares. Nunca Más la mirada hacia otro lado de la sociedad con la excusa de “si total a mí no me hacen nada”. Nunca Más los que hoy piensan que vuelvan los milicos para que se ordene todo. Nunca Más al principal causante de desigualdades, pobreza y desocupación.


Nunca Más un desaparecido, aunque sigan habiendo. Nunca Más la quema de libros, la prohibición de artistas, la censura a la prensa. Nunca Más el amiguismo de los medios de comunicación que blindaron al poder político de entonces por miedo y por no denunciarlo. Señoras y señores: NUNCA MÁS.

martes, 18 de febrero de 2014

Un día anti modernidad

“El fútbol moderno no existe. Sólo existe el fútbol bien o mal jugado”, se cansó de repetir Dante Panzeri en los tiempos en los que ejercía la profesión de periodista, cuando, a través de la letra y la palabra, luchó contra los que ya imponían que el deporte más popular del mundo se dividía por épocas. Hoy, aún persiste ese pensamiento erróneo, aunque todavía hay equipos que demuestran lo contrario.


Primero, el Barcelona, en Inglaterra, le ganó 2-0 al Manchester City en su casa. Eso no importa. A lo que se debe apuntar es al cómo. El elenco liderado por Lionel Messi se plantó en terreno celestre con la posesión de la pelota en campo contrario. No especuló con el gran poderío rival y siempre pensó en su juego, el mejor del planeta. En cambio, el local se fijó en demasía en su rival, se olvidó que la mejor arma que posee en la tenencia…y así le fue.

Líneas juntas, Sergio Busquets a la caza de cualquier rebote y segunda jugada, Messi haciéndose el distraído pero tan atento como siempre, Xavi e Iniesta caminando con el balón y dando una clase gratis del amor por la pelota, movilidad, circulación; y laterales juntos al ataque…En fin, diversión en pleno campo de juego, no dejar atrás una filosofía por más que enfrente haya estado uno de los elencos más goleadores de toda Europa. El Barsa, por momentos carente de profundidad, continúa maravillando al mundo por su ambición y amor por el esférico, los tic-tic-tic tan seguidos. Mientras, el rival corre y se desgasta en busca el elemento principal.

Aceleran, no corren como desaforados. Tocan y se mueven, no se trasladan decenas de metros en pocos segundos para chocar y perder la pelota. Cada ejercicio en un entrenamiento es con pelota. Así, el Barcelona sigue con su reinado de la diversión, del cómo triunfar y de dejar atrás las pesas y los atletas.

Más cerca, y con menos jerarquía, claro, está Vélez Sarsfield. El club de Liniers, al ratito de la finalización del encuentro en el Viejo Continente, recibió a All Boys en su casa y volvió a darle una cachetada al tan nombrado “fútbol moderno”. Con pibes como Jorge Correa y Lucas Romero, más la experiencia de Zárate y Pratto, el ahora team entrenado por el Turu Flores no se caracteriza por los pelotazos, sino por el juego de potrero, tenencia de pelota y velocidades cortas para sorprender.

Sobresale en el fútbol argentino porque juega con la redonda al ras del verde césped, siempre con la intención de juntar gente en ataque, tocar y ganar pregonando la ambición por el arco de enfrente. Y si a eso se le suma Newell´s, un Estudiantes que continúa con la búsqueda de siempre salir jugando desde abajo y a San Lorenzo, con su buen manejo y desequilibrio, se podría soñar con que el amarretismo se vaya yendo. La mala, que vuelve a dirigir Caruso Lombardi, con la tendencia de que para salvarse del descenso “sea de cualquier forma”. Que alguien explique esa frase. Mientras, hoy fue un día contra cultural.

Por Lucas Abbruzzese

domingo, 29 de diciembre de 2013

La desfachatez

La improvisación, el momento

En el fútbol de las últimas décadas parece que todo lo relacionado con la táctica, lo físico y la estrategia es más importante que lo que al futbolista le sale en el momento del partido, cuando todo aquello practicado en la semana depende de la inspiración del jugador y de lo que el rival deje hacer.
Protagonistas capaces de ganar un cotejo en una jugada aislada, el desfachatado es aquél futbolista que no se preocupa por lo que le explicaron en un pizarrón sino que durante poco más de 90 minutos trata de entender el juego y moverse para desequilibrar en cada instante. “Se puede planificar un partido de lunes a sábados. El domingo se juega”, enseñó alguna vez Dante Panzeri, uno de los periodistas argentinos más brillantes.



Un sinvergüenza con la pelota, así se los podría definir a los protagonistas que poco caso les hace a los directores técnicos. Ariel Ortega es quizás el máximo exponente de la Argentina luego de Diego Armando Maradona. El Burrito enloqueció con sus gambetas y hasta los días actuales sigue quebrando su cintura y picando la redonda como en sus comienzos, pero en espectáculos benéficos. No tienen posición fija ni le hacen caso a los pizarrones, sino que su instinto y capacidad con el balón con los pies hacen la diferencia.

Imposible dejar afuera de esta lista a los Messi, los Iniesta, los Owen los Bochini, los Ronaldinho o el enorme Johan Cruyff. ¿Cuánta es la verdadera influencia de un entrenador sobre ellos? ¿Qué se les puede corregir? ¿Cómo tratarlos? Una vez, Ortega se negó a ser reemplazado cuando lo dirigía Ramón Díaz: el desenlace fue que se quedó en la cancha y marcó un gol en un River-Racing que terminó 4-3. Cómo olvidarse de Juan Román Riquelme, quien con su velocidad mental rompe con las tácticas en cada momento. Se DIVIERTEN en cada instante, algo que cada vez se va perdiendo más en el fútbol.

¿Cómo es posible hablar de tácticas, estrategias y planificación cuando el desfachatado define todo en el momento? ¿Dónde quedó aquél “plan” cuando la pelota la agarra Pelé y empieza a esquivar rivales? Lo que está claro es que el fútbol es de los jugadores. Ellos ganan, pierden o empatan. “La disciplina –explicaba Panzeri- no hace a ningún jugador de fútbol. Solamente mejora a los que eran jugadores antes de disciplinarse”. Engaño es el calificativo que mejor le caben.

Hace algunos días, Josep Guardiola, en referencia a sus cuatro años como DT del Barcelona, expresó: “No fue la era Guardiola, sino la era de Messi”. El ahora jefe del banquillo del Bayern Munich tiene más claro que todos que los verdaderos protagonistas son los que se mueven sobre el verde césped. Sus aportes pueden basarse en la identidad de un equipo, la corrección (nunca enseñar) de errores de un futbolista y la disposición en el terreno de los intérpretes. Cuando la pelota empieza a rodar, los desfachatados resolverán el asunto.

Por Lucas Abbruzzese

martes, 3 de septiembre de 2013

Ella, la maestra

Ella está agradecida de que desde hace un lustro haya aparecido un equipo como el Barcelona. Ella se siente querida cuando viaja a Rosario para ser tratada por un equipo como Newell´s y no estar más tiempo por el aire que por el verde césped. A ella no le gusta ser maltratada, anhela a los mejores. Ella es la pelota.


“Antes, la pelota esperaba que los jugadores quisieran usarla. Ahora los jugadores esperan que la pelota quiera hacer lo que ellos no saben. Y si la pelota no quiere y los jugadores no saben, el destino es el cero y las manos frías del silencio. Por eso, el fútbol es más interesante para leerlo y oírlo que para verlo”. Así de crítico y tajante fue la frase del periodista Dante Panzeri, por 1971. Ya eran tiempos que escaseaban, a comparación de década anteriores llenas de magia y talento, los futbolistas de mucha calidad y que le brindaban algo al espectáculo. Imagínense lo que diría hoy una de las plumas más interesantes que tuvo el país.

Ella, la pelota, a la que una vez le criticaron que no doblaba en la altura, quiere ser bien tratada. Desea que arriba de ella haya una suela que la mime y le dé un buen destino. Ansía que primero la amase el Lobo Ledesma en el medio y su destino sea un Juan Román Riquelme o un Andrés Iniesta, para que Messi de un pase a la red. “La beso porque cada vez la tratan peor”, disparó una vez el actual número 10 de Boca, ése que se cansa de pisarla y de entregarla perfecta a un compañero. El enganche, admirador de uno de los enlaces del Barcelona, la cuida con su cuerpo y le da una caricia con su botín derecho.

Los pelotazos le duelen. Cada vez que vuela sin un objetivo, sacándosela de encima, debe pensar: “¿Qué mal les hice yo como para que me maltraten?”. ¿Qué opinará de esos conjuntos y técnicos que afirman ser un equipo que juega sin pelota, a la que consideran un arma secundaria? Se escucha, de lejos, la pelota siempre va al jugador. Claro, al buen jugador. ¡Y cómo no va a ir allí si es con quien se siente querida y protagonista!

Cada pretemporada que pasa, salvo excepciones, en vez de salir a rodar luego de un tiempo de inactividad sigue escondida en los bolsos, porque las que salen a la cancha son las pesas, las mancuernas y los fierros. “¿Juegan conmigo o con elementos de gimnasio durante los partidos?”, se pregunta –resignada- en ésos casos.

Ella debe correr más rápido que los jugadores. Ella, la pelota, necesita la velocidad de uno o dos toques para tratar de llegar mejor a su destino, la red. Ella extraña a Fernando Redondo. ¡Qué admiración sentirá por esos que meten un chanfle, casi como con desprecio! Una vez la llamaron la Caprichosa y con cuánta razón. La dominan los que saben, sin importar si el escenario sea un potrero o un césped parecido al de un billar. “Uno se da cuenta si sabe o no jugar al fútbol si doma correctamente al balón”. Recuerden el gol de Maradona, el que le convirtió a los ingleses, el mejor de todos los tiempos, en el que la pelota iba picando sobre el césped del estadio Azteca como si llevara dentro un zapo, pero que era acompañada por una zurda que no entendía de dificultades a la hora de domesticarla.

La redonda, el esférico, la número 5, la bocha y otros tantos sinónimos se utilizan cotidianamente para nombrarla. Es –como explicaba Panzeri- la mejor profesora de los futbolistas. Pelota, pelota y pelota se necesita para mejorar, no aprender, la técnica y las habilidades. Es la maestra, el objeto que a más niños es el mundo les gusta.

viernes, 14 de junio de 2013

Panzeri, cada día más presente

El libro que Matías Bauso escribió sobre Dante Panzeri, el periodista más significativo y representativo que tuvo el periodismo especializado en deportes en la Argentina, con el nombre de Dirigente, Decencia y Wines fue presentado anoche en el barrio porteño de Recoleta ante la mirada de muchísima gente que también aprendió y se llenó la mente de reflexiones con los comentarios de una mesa de lujo. 
De izquierda a derecha: Panozzo, Scher, Bauso, Iucht y Latorre

Panzeri fue, es y será aquél de la dinámica de lo impensado, aquél que explicaba que “el fútbol es momento y no hay ciencia que pueda enseñarlo”, aquél que se opuso con argumentos y hasta con discusiones cara a cara con los propios militares sobre la organización del Mundial de Fútbol de 1978 en el país –falleció dos meses antes de su inauguración-, aquél que proponía que “al fútbol se lo salva desalentando su mercantilización”, aquél que decía que Europa le vende libros a Sudamérica de cómo jugar mientras que ellos se llevan los futbolistas de acá. Fue, es y será un docente y un ejemplo a seguir para una sociedad que cada vez está más confundida y con los valores para cualquier lado. Leerlo a él es una obligación.

El primero que se animó a agarrar el micrófono para abrir el juego fue el editor e integrante de la Editorial Sudamericana, lanzadora de la obra que recopila cientos de notas y pensamientos de Panzeri, Marcelo Panozzo, que le indicó a la mesa que den sus sensaciones sobre Dante. “Lo descubrí hace poco y desde un primer momento le creí, algo que es muy difícil en la sociedad actual. Me impactó su lucha en soledad con tal de (de no traicionarse, de no vender sus ideas)”, declaró Diego Latorre, exfutbolista y actual comentarista. El exjugador de Racing, Boca, Tenerife y Fiorentina, entre otros, hasta se animó a decir que “él me enseñó cosas del juego”: “Me hubiese encantado tomar un café con él y que me evalúe”.

La sala, con la presencia Flavia Panzeri –hija de Dante- escuchaba atentamente cada comentario y cada frase porque daba gusto. El periodista Román Iutch, que trabaja en Radio Continental, sintetizó su primer comentario en algo que le surge seguido: “Siempre me pregunto `¿qué diría Panzeri?´ Qué diría de los actuales dirigentes, de la decencia (o no) de ellos, de los wines”. Más abarcativo y el que se ganó los primeros aplausos gracias a su poder de reflexión y mirada de las cosas fue el docente también trabajador de los medios de comunicación Ariel Scher, quien una de los primeros conceptos que manifestó fue que “Panzeri creía que el periodismo y el deporte eran herramientas para un mundo diferente”.

“Estamos contentos porque estamos con Panzeri. Ninguno de nosotros puede serlo porque existe un contexto diferente y unas debilidades mayores. Pero él está todo el tiempo con nosotros. Panzeri nos hace pensar”, se explayó el profesor de la escuela DeporTea. Scher siguió con el “¿Qué diría?” que comenzó Iutch y agregó: “Qué diría de los que dicen ganar como sea, de los que dicen `era el partido que debíamos ganar´”.
Luego se animó y superó los nervios Bauso, el autor del libro y quien alcanzó a leer alrededor de diez mil artículos escritos por Panzeri: “Él es actual y nunca va a dejar de serlo. Él por primera vez llamó delincuentes a las barras bravas, mientras que otros los denominaban hinchas caracterizados. Sus últimos años de vida fue perdiendo centralidad porque nosotros cambiamos como sociedad”.

Panozzo quiso saber un poco más sobre los conceptos tácticos y hablar del juego y para eso les cedió las contestaciones a los otros protagonistas del quinteto. Latorre dijo claramente: “Era mentira que Panzeri no creía en la táctica. Estaba en contra del hombre-pieza, de que se lo moviera en un pizarrón como fichas de ajedrez”. “¿Qué diría del Barcelona, de Mourinho, de Guardiola?”, siguió preguntándose Iutch, a quien Bauso atrevió a contestarle: “Le encantaría el Barsa porque en Fútbol, Dinámica de lo impensado (uno de los dos libros que escribió Panzeri) escribe y explica algo del juego de posesión, de los wines y de una forma que se asemeja a la de los catalanes”.

Así se fue cerrando la presentación de Dirigentes, decencia y wines, justamente las tres piezas que decía Panzeri que le faltaba al fútbol argentino. De ésta manera es como se puede incitar y seguir expandiendo el legado que dejó aquél periodista que nunca estuvo del lado del poder. Panzeri, cada día más presente.

Por Lucas Abbruzzese