lunes, 25 de junio de 2018

Mercantilización y educación

Un análisis de los discursos que giran alrededor de la venta de tecnología y de programas para utilizar en el aula.


En las sociedades actuales existen dos conceptos, los de información y comunicación, que resaltan en la cotidianeidad de nuestros días. Pareciera que se está todo el tiempo sabiendo todo lo que pasa y más comunicados. La aparición de las nuevas tecnologías (celulares, redes, TV interactiva, etc.) han llegado para quedarse y la escuela no es ajena a este fenómeno. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en el ámbito educativo han cobrado un enorme valor, el cual solo parece relacionarse con el simple hecho de proveer una computadora por niño o niña, como si eso fuese suficiente para comprender las necesidades de cada uno y cada una. David Buckingham, en su libro Más allá de las tecnologías, señala: “Está implícita la idea de que distribuir información conducirá, de alguna manera automática, al conocimiento y el aprendizaje”.

Buckingham hace un análisis del impacto discursivo y empírico de las TIC alrededor de la escuela y escribió: “Cuestiono la noción de tecnología de la información, como si esos dispositivos se limitaran a actuar como medios para almacenar y distribuir un cuerpo inerte de hechos o datos. El término información implica de alguna manera que el contenido de la comunicación es neutro y que, al igual que la tecnología, es independiente de los intereses humanos”. Por eso considero necesario entender que, como se señala en el programa Aprender Conectados acerca de que ahora se alcanzará a toda la Argentina con conectividad y equipamiento, estos elementos no hacen a una mejor educación ni un más factible aprendizaje.

Se refiere a esto Inés Dussel, autora del libro Aprender y enseñar en la cultura digital: “La brecha hoy se produce entre usos más pobres y restringidos, y usos más ricos y relevantes. Por eso no es suficiente con dotar a las escuelas de computadoras y acceso a internet, sino que hace falta formar al docente para hacer usos más complejos y significativos de la cultura digital”. La alfabetización digital viene por este lado: apoderarse de los medios, producirlos, manipularlos y no ser solo consumidores de los mismos. Agrega Buckingham: “Creo fundamental que la escuela se ocupe de las experiencias culturales que viven los jóvenes fuera del aula, experiencias muchas veces relacionada con los medios digitales; percibo en el uso de los medios digitales un enorme potencial de los alumnos por tomar el control de los medios de producción, es decir, tomar esta tecnología para comunicarse, crear, representar expectativas e intereses”. Es poder ver y apreciar al niño y la niña como un sujeto con contexto, intereses y un mundo que lo rodea y que los medios digitales sean una herramienta de comprensión de la realidad y de mostrarse de manera activa y no pasiva ante el mundo.

En la actualidad, el mundo se está diseñando, hace décadas, alrededor de un nuevo capitalismo. ¿Por qué nuevo? Porque el mundo del trabajo giró hacia condicionamientos laborales que antes no se tenían tanto en cuenta como: trabajos cortos e inestables, relaciones virtuales, un capital impaciente porque se necesita un rendimiento urgente del mismo, la incertidumbre, y un cambio constante del perfil labora. Y en este último ítem, el del cambio constante del perfil laboral, me quiero enfocar, ya que hace referencia a las competencias. Referirse a competencias no es justamente ser competente con algo sino todo lo contrario: es la capacidad de adaptarse a los cambios y la flexibilidad capitalista que el mundo actual del trabajo plantea y exige. Así lo explica Angelique de Rey en Un hombre sin atributos: “La sociedad del conocimiento no exige a los individuos saberes, destrezas o incluso comportamientos y actitudes precisas, sino que sepan olvidar lo que saben, lo que saben hacer y lo que son, para adaptarse. El individuo actual debe poder cambiar tanto de conocimientos como de habilidades y de personalidad”. Y, de manera contundente, agrega: “Nos encontramos frente a la fabricación de un hombre que sabe hacerse flexible para adaptarse mejor a las necesidades de un sistema-mundo en el que la macroeconomía se ha vuelto central. Un hombre que sabe convertirse en una especie de pequeña computadora, capaz de cargar datos en su disco rígido y luego borrarlos; en pocas palabras, un hombre modular, para quien convertirse en sí mismo implica el olvido de sí mismo”.

Acá encuentro el sentido mercantil del negocio de las nuevas tecnologías alrededor de la educación: es imponer, ya desde la venta de programas y equipamientos desde niños y niñas, una forma de ver el mundo que se relaciona con lo flexible, con el saber hacer más que con el ser; es decir, con las competencias. Así lo enlaza Buckingham: “La introducción de la computadora como dispositivo educativo no fue natural e inevitable; fue producto de imperativos políticos, económicos y sociales. Para los políticos, centrarse en la tecnología parecía proporcionar una ocasión de ocuparse de temas vinculados a la competitividad internacional y la necesidad de una fuerza de trabajo bien disciplinada”. Competitividad, competencias…todas formas de relacionarse que tienen que ver más con las empresas que con la escuela.

Me resulta imprescindible no sacarle el foco a lo que plantea Buckingham: “El empleo de las TIC en la educación se concibe como un elemento indispensable en el proceso de actualización de las habilidades de la fuerza de trabajo del futuro y una forma de garantizar sus probabilidades de conseguir empleo. El uso de la tecnología en educación es una respuesta directa a las exigencias de la economía moderna. Este discurso de habilidad tecnológica propone una articulación particular de la educación, el mercado comercial y el futuro trabajador/consumidor”.

Al estar tan presentes las características de flexibilidad e incertidumbre es complejo que la palabra cambio no se asimile a la realidad. Por eso es bueno traer lo que Richard Sennet escribió en La corrosión del carácter: “Los tiempos se han asimilado entre el trabajo y el consumo. Ahora el trabajo se resuelve en el corto plazo, las relaciones son superficiales y funcionales a las exigencias del cambio repentino”.

Tal vez en estos párrafos encontremos más motivos para entender la deshumanización que se sufre a diario. En una sociedad y una conformación de la vida que no interviene para le emancipación de las personas sino para advertirle, si quieren permanecer en el sistema, cómo deben actuar, cómo deben ser y que lo que son no sirve si no es redituable.

Uno de los términos utilizados por Angelique de Rey y que no hay que pasar por alto es el de sociedad del conocimiento. Se cree que el uso de tecnología más la circulación de información hacen al conocimiento. Pero no. Es interesante lo que plantea Renán Vega Cantor en Sociedad del conocimiento, una falacia comercial del capitalismo contemporáneo: “En esta sociedad del conocimiento el conocimiento es artificial porque se trata más de almacenar datos que de comprender los problemas reales”. Y aquí, otra vez, la importancia de la alfabetización digital tomada desde enseñar a usar tecnología y no de usarla porque sí.

Analiza Vega Cantor que “lo que la tal sociedad del conocimiento depara es algo completamente distinto que niega el carácter democrático de la universidad, al especializar ´recursos humanos´ funcionales para el capitalismo transnacional, una fuerza de trabajo diestra técnicamente, poco costosa, que no piense y absolutamente despolitizada”. Entonces, desde la escuela y como docentes, ¿pensamos a los niños y las niñas como futuros sujetos empleables o como ciudadanos críticos, democráticos y sensibles ante la realidad?

Al respecto expone Buckingham: “El discurso de la sociedad de la información o economía del conocimiento construye al niño como futuro trabajador y consumidor de información. En esta construcción se concibe al niño como un hacerse y no como un ser. Se presta poca atención a verlos como productores de información, solo se atina a verlos como consumidores para no quedarse afuera de esta era tecnológica”. Un discurso que no sale de quienes transitaron las aulas, investigaron, crearon conocimiento científico y fueron críticos sino de entes económicos mundiales como el Banco Mundial, que necesita y se abastece de estos conceptos vacíos y engañosos para justificar la implementación de las TIC y su consiguiente negocio alrededor de la educación. Acá notamos un punto de contacto con la globalización y la idea de, desde el exterior, impartir en lo local y destruirlo. En relación a esto escribió Néstor Canclini en La globalización imaginada: “Transferir las instancias de decisión de la política nacional a una difusa economía transnacional está contribuyendo a reducir los gobiernos nacionales a administradores de decisiones ajenas”.


sábado, 2 de junio de 2018

Pensar y pensarnos

Vivimos en la era de la inmediatez. La era en la que el "todo ya" se impone a la reflexión. Una época en la que cada vez se nos complica más entender que no somos, sino que estamos siendo.Y en ese estar siendo es romperse la cabeza para entender que las naturalizaciones no son cuestiones justamente naturales sino construcciones sociales. Entonces, pensar en esas construcciones sociales es empezar a ganarle a la inmediatez. Ser es más importante que tener.
Desde el ProyectoMaliman Huaco propusimos para hoy esta charla de género para, justamente, pensar y pensarnos. Como personas. Como sujetos de una sociedad capitalista que impone e impone y no pregunta sino que prejuzga. Y justamente por pensarnos como personas es que hace 12 años se aprobó la Ley de Educación Sexual Integral (ESI): "Es revolucionaria porque reconoce la diversidad y abre a más mundos".
"A veces, el abrazo es mucho más que mil palabras".
¿Cuánto tiempo nos tomamos para preguntarle a la otra persona cómo está, cómo se siente, qué siente, qué desea? "Cuando hablamos de sexualidad es muy importante cómo uno o una se auto percibe".
Sexo y género no van de la mano. Las imposiciones y los sentimientos tampoco. Si existe en el Proyecto un taller como este es porque existen allí gente que hace de gente, se expresa y cuestiona: "No puedo cambiar el mundo pero sí cambiar mi mundo". Y si pensamos nuestro mundo tal vez nos despojaremos de prejuicios. Y si nos despojamos de prejuicios vamos a ser un poco menos de mierda.

domingo, 29 de abril de 2018

UniCABA, marketing y ajuste


Suena el teléfono de su casa. O lo paran en la calle para preguntarle: “¿Usted está de acuerdo con que se cree una universidad para formar docentes?”.

Quienes manejan el marketing del Gobierno de la Ciudad consultan a parte de la población esta propuesta que llevan a cabo. Y, digámoslo, si usted piensa lisa y llanamente en la formulación de la consulta difícilmente responda “no”. Como consecuencia, se ha notado, funcionarios del oficialismo luego salen a declarar: “La gente está a favor de que se cree una universidad para formar docentes”. Permítanme algo: señor, señora, no se deje engañar por la palabra ´Universidad´. Veamos por qué.

¿De qué estamos hablando? En noviembre del año pasado, el macrismo, sin consultar a la comunidad educativa pero sí a la empresarial (es decir, consultando dentro de su partido) , lanzó el proyecto de la creación de la Universidad de Formación Docente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (UNICABA). ¿Qué significa esto? Que, de aprobarse la ley (se votará en breve), los 29 profesorados públicos que funcionan actualmente en la Ciudad desaparecerán para unificarse en un solo establecimiento: la UNICABA.

Repito: ¿De qué estamos hablando? De que nos quieren cerrar los lugares donde estudiamos. La autonomía de cada escuela que forma futuros docentes se disolverá, la pluralidad de voces se ausentará y la particularidad de cada establecimiento se esfumará. El Poder Ejecutivo, es decir, el gobierno, pasará a controlar la UNICABA y a elegir el rector. La autonomía e independencia actual será parte del pasado, ya que se desintegrarán los consejos directivos de los cuales forman parte todos los claustros institucionales.

El neoliberalismo se instaló en Argentina desde las elecciones presidenciales del 2015. El Estado se fue achicando paso a paso y este proyecto es un ejemplo más, ya que el Ministerio de Educación tercerizará la formación docente, desligándose de la toma de decisiones y permitiendo el ingreso, de lleno, de las multinacionales en la educación. 150 años de historia educativa se tirarán a la basura.

Hay palabras claves que se conocieron de lo que se pretende con la UNICABA: emprendedurismo, negocios, virtualidad, cambio...Tendríamos que sentarnos a discutir (¿hace falta?) si queremos que nuestros hijos y nuestras hijas se formen como gente de negocios o como ciudadanos críticos. Es que se plantea esta modificación de paradigma con este avance contra la educación.

Y ni hablemos del gran sentido humanitario que se estará perdiendo. La virtualidad se tornará central con la implementación de la UNICABA. Y acá hay que discutir algo: ¿Cuánta aula, pasillo de escuela pública, tiza y pizarrón tienen quienes están tomando estas decisiones? O peor: ¿Cuánta relación estrecha poseen con el mundo de los negocios? Diego Meriño, quien presentó el proyecto de UNICABA en la Legislatura, es Subsecretario de Planificación e Innovación Educativa y tiene fuerte influencia en la Editorial Kapeluz, de cual fuera CEO. En la presentación resaltó que “cada persona es responsable de su propio desarrollo y su propio proceso de aprendizaje”. Bueno, un caso más de desligamiento del Estado, de la falta de oportunidades y de la crueldad de esta reforma. La Ley de la Selva.
La UNICABA viene a continuar con el ajuste. ¿Por qué? Porque donde ahora hay 29 profesorados habrá apenas un instituto de formación. ¿Dónde ingresarán los y las docentes de todas las escuelas? El recorte es evidente. Los favorecidos, clarísimos: las empresas gigantes que ingresarán en la toma de decisiones.

Gritamos bien fuerte “No a la UNICABA” no por capricho, como expresó Horacio Rodríguez Larreta, sino porque queremos seguir formándonos en nuestros profesorados y continuar teniendo el contacto humano del cual estos poderosos difícilmente entiendan en su mundo de enormes capitales y escasa humanidad.


Necesitamos que este proyecto no se apruebe porque, cuando nos recibamos, queremos trabajar en cualquier parte del país y no que el título solo tenga validez en CABA, como se detalla con esta ley. Porque se desintegrarán espacios extracurriculares y de participación comunitaria. El mercado está poniendo un pie fuertemente en la educación, abriendo el juego a lo que globalmente está sucediendo: la mercantilización de la educación.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Mara, el olvido y la sensibilidad

Un termo en la mano. Mates que iban y venía. De repente, un “mirale esas caras, es impagable”. Uff. Esa declaración de la directora de Cantoni, la escuela albergue de Huaco, llenó todo ese momento de sentido y de sensibilidad y de todo lo que nos podamos imaginar cuando miramos a los ojos. Claro, se refería a los chicos y las chicas que no paraban de hacernos correr y reír. Estábamos ahí, disfrutando, tratando de formar y de formarnos.

Nos preguntamos una y otra vez acerca de la necesitad de afecto. ¿De dónde viene? ¿Por qué? ¿Qué la transforma y cómo se transforma? ¿Qué rol cumple una sociedad, un Estado y las instituciones al momento de pensar y transformar estas cuestiones?

Ella, la de la foto, se llama Mara. Va a la escuela en Calcagno, allí donde la ruta que da al establecimiento conduce a las montañas y forman un paisaje de ensueño. ¿Por qué con algunas personas hablamos por primera vez como si las conociésemos desde antes? Eso me pasó. Eso sentí. Dicen, esbozan, vociferan por allí que antes de morirnos se nos viene a la mente los momentos y recuerdos más lindos. Y difícilmente todos estos sueños pasen de largo cuando llegue el momento.


¿O acaso cómo olvidar el “te hago las pulseritas para que me recuerdes todos los días y no me olvides más” de Mara? Quizás no hacía falta que me haga las pulseritas para no olvidarla más. O sí. O esos hilos tal vez eran una excusa para expresarse. Porque jugar, tanto como el arte y la creatividad, son modos de expresión. Y no hay que saber jugar para jugar. Hay que entender que hay otro y comprender algunas miradas. En esa comprensión existe una sensibilidad enorme. Tan enorme como lo son estos pequeños y estas pequeñas.

martes, 13 de febrero de 2018

¿En qué mundo vivimos?


Por lo pronto, aunque suene a discurso repetido y hasta no pocas personas lo cataloguen como cosa “vieja y de zurdos”, cómo se reparte la riqueza en este mundo es la pregunta que abre un sinfín de respuestas. Hay un sistema que permite tamaña y continua disparidad económica. Sin ir más lejos, hace un par de semanas, en Davos, Alemania, se reunieron a discutir la desigualdad un conjunto de seres humanos entre los que, si sumamos sus riquezas, alcanzan alrededor de un billón de dólares. Es decir, quienes discuten desde los lugares de poder estos temas son los que no paran de acumular riquezas.

¿Para qué una persona quiere y desea y anhela tanta plata? ¿Acaso será para, como escuchamos a cada rato, que “estén salvados hasta sus bisnietos”? ¿Entonces cuál es el mensaje? ¿Salvado de qué? ¿No le estaremos transmitiendo a esa futura persona que no haga nunca nada en su vida si total ya está salvado?

Vivimos en un mundo en el que en un hospital público, para que el Estado te dé una prótesis para operarte, tarda seis meses porque se dejó de financiar. Y no sólo son seis meses de yeso, sino que, al momento de la operación, habrá que volver a romper la zona dañada –ya soldada- para proceder con la cirugía. Porque, claro, ¿cuántas son las personas que tienen la posibilidad de pagar? No pagás, no tenés. No tenés, no existís. Por ahí anda el lema con el que vivimos día tras día en esta jungla en el que las personas se comen a las personas.

Vivimos en un mundo en el que, por ejemplo, una madre embarazada debe ir a la madrugada para sacar un turno para que la revisen. Un mundo en el que el trámite es más importante que el o la paciente. Un mundo en el que a un hospital como el Santojanni recurren a atenderse personas no sólo de Mataderos sino de Liniers, Viila Luro, Piedrabuena, el Conurbano, etc., etc., etc…Entonces, ¿cómo va a dar a basto?

Y acá me quiero detener, ya que la discusión no está dada desde pensar la inclusión y la salud de alta calidad, sino para excluir. Se repite y se repite y no paran de repetir que “los extranjeros vayan a atenderse a sus países y que la gente de Provincia no venga a capital”. Uff. Qué duro. Somos nazis. Qué duro porque quien plantea eso se olvida de exigir más hospitales, más escuelas y más calidad de vida. Prefiere la exclusión, tratar al otro no como una persona sino como un bastardo que te viene a sacar el lugar. Nos peleamos entre nosotros mientras vos no podés acceder a una obra social ni bancarte una prepaga. Porque entretanto no tenemos las necesidades básicas cubiertas quienes discuten la desigualdad mundial acumulan miles de millones.

Vivimos en un mundo en el que hay mucha gente sola. Que con las dos rodillas con necesidad de operación concurren como pueden a hacerse ver, que se toman dos colectivos para poderse atender sin que le cobren (¿se imaginan un Estado presente que cubra y ponga énfasis en estas cuestiones mayores?), que aguarda horas y horas para que le den alguna respuesta. La soledad repercute a cualquier edad y diversos ámbitos. Y allí aparece Don Omar.

Omar -ahí detrás en la foto- es el portero de un complejo ubicado en La Lucila del Mar. Está solo. Desde el primero de marzo hasta diciembre deambula en soledad por el lugar. Disfruta y se siente bien estos meses de veraneo por encontrar “con quien hablar”. Cuenta chistes. Bordea los 70 años y no faltó ocasión para que sus ojos fueran invadidos de lágrimas: su mirada se queda en el recuerdo de su mujer, con quien se separó hace un tiempo; su boca esboza maravillas de una de sus hijas que trabaja en Bariloche y se llena de bronca al hablar de la otra, a la que le “salió mala”, como él declaró; su puño se llena de rabia cundo se descarga al contar que el gobierno le dejó de pagar el viaje mensual a Mar del Plata, donde concurre a buscar su medicación.

Vivimos al revés. ¿Qué significará la soledad para quien la padece? ¿Por qué estamos solos? ¿Por qué nos sentimos solos? ¿Por qué no poca gente queda sola? Añorar algo que no se tiene o se perdió.


¿Hacia dónde vamos para que estos casos se reproduzcan en centenares de lugares? ¿Qué y quién va a salvar la vida si no son las relaciones humanas? ¿Dónde hay humanidad en un mundo en el que algunos acumulan billones y otros no pueden ser atendidos en un hospital público? ¿Dónde hay humanidad en un mundo en el que los laboratorios médicos y consultas psicológicas se hacen un festín ante tanta soledad y la necesidad de tener otro y no encontrarlo? ¿Dónde hay humanidad en el vivir con la cabeza gacha y lejos de la realidad?

martes, 14 de noviembre de 2017

Los ojos

Ya estábamos en viernes a la madrugada. La fiesta de despedida había dado sus últimos suspiros. Los discursos, llenos de vida y de sensaciones encontradas, dejaron lágrimas y ganas de más. La música ya no sonaba. La transpiración comenzaba a despedirse. El patio era ese lugar de querer seguir un rato más. Es que, claro, los bolsos ya estaban armados. Nos volvíamos en un par de horas. Me fui a sentar en el escalón del mástil. Pensaba que todo había pasado y terminado. Pero no.



“Lucas, ¿mañana te vas?”.

Pri se me acercó y me esbozó, como si nada (¿como si nada?), esas cuatro palabras y un interrogante que era más que eso. No lo soltó de su boca como cualquier palabra que decimos. Se los juro: me habló con los ojos. Tal vez era su boca la que modulaba, pero mirándome fijo a los ojos me clavó –en el corazón- esa pregunta. Había levantado la mirada y esos ojazos enormes fueron más enormes aún. Ella sabía que después del mediodía nos venía a buscar el micro para regresar. Prisci entendía que el Proyecto y esas revoluciones de corazones y de sonrisas y de abrazos que causa no iba a estar por un año. Priscila lo entendía. Nosotros lo entendíamos. ¿Quién se lo explica al corazón?

¿Qué hacer cuando una criatura te desnuda con sus ojos todo lo que siente? ¿Cómo reaccionar ante una simple pregunta y su connotación demoledora del “ya no vas a estar”? ¿Acaso será que nuestra gran función es la del afecto y las emociones fuertes? ¿Qué significaremos para esos corazones que nos esperan durante varios meses antes de octubre?

Alumna de la primaria en la Escuela Albergue Federico Cantoni, Priscila es el retrato de la necesidad de afecto que urge por esas latitudes sanjuaninas. ¿De dónde es que proviene tamaña insatisfacción? ¿De la familia? ¿De la escuela? ¿De las maestras? ¿Se puede suplir en una semana todo ese menester de cariño? ¿Hacia dónde va una sociedad que le cuesta mirar a los ojos? ¿Hace falta, en esta vida de individualismos y materialismos, viajar a la frontera con Chile para que te den una cachetada y te digan sin decirte que “la vida está en mirarse a los ojos, compartir, charlar, abrazarse, transformar, revolucionar, preocuparse y jugar”?


Llegaba el momento de despedirnos. Ya era viernes, el mediodía quedaba atrás. El micro aguardaba para poner a rodar sus ruedas y regresar a una delegación tan contenta como triste tras una semana tan fuerte como llena de vida y de alegría. Prisci estaba ahí. Huaco parecía descansar. O lamentarse. Intercambiamos abrazos y números de teléfono. Si habrá algo difícil de olvidar, como canta La Renga en el tema En el baldío, será que “con esos ojos tristes que me hablaban” no se puede hacer otra cosa que levantar la cabeza y seguir luchando.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Huaco

Existe un lugar que te humaniza. Existe un lugar en el que mirarse a los ojos, compartir y sonreír le gana por goleada a la pantalla del celular. Existe un lugar, a 250 km. de San Juan Capital y en la frontera con Chile, que el encontrarse y abrazarse es más potente que cualquier otra cosa. Existe un lugar con una necesidad infinita de afecto y de entregar la oreja más que la palabra. En Argentina, lejos del ruido y cerca de las montañas, existe Huaco.

¿Qué será la vida si no es pensar que hay otro? ¿Qué gracia o sentido o adrenalina tendrá si no nos comprometemos? ¿Qué hacemos para transformar las injusticias en igualdad de oportunidades? ¿Estamos por el camino correcto? Huaco nos llenó el alma. Nos llenó de lágrimas y de preguntas y de angustia. Nos enseñó que “la vida está en lo simple, en el mirarse, el encontrarse”.

Huaco fue compartir ocho días con una delegación que se preocupó y ocupó. Fue descubrir personas maravillosas. Fue el “andá a mojarte la cabeza que yo te cubro”. Fue descargar y cargar con 40 grados. El abrazo en el momento justo. Pintar y arreglar. El llanto del reencuentro. El hacer depósito hasta el último día. Fue, el domingo por la noche, olvidarse de los cansancios y las excusas para separar las donaciones por escuela, bailando y sonriendo. Cuando el corazón manda, los peros importan poco.

“Fácil es entender lo nuestro; difícil, lo ajeno”.

Huaco es, ante todo, los chicos y las chicas que le dan un sentido inmenso a esta tarea. Pensar en ellos y en ellas es llenarse de vida y de angustias. A uno de ellos se lo notaba cansado y con sueño. Le preguntamos por qué no volvía a su casa para después regresar a la escuela y seguir jugando. “Porque duermo en el piso”, respondió.

¿Cómo continuar remando contra la corriente y contra un Estado ausente? Desde la gobernación ven más como un GASTO al pibe y a la piba que se queda en el albergue que como una inversión o, como mínimo, una necesidad. Apenas aportan 8 pesos por criatura. No quieren que vayan en el verano a la escuela porque para eso se necesitaría personal y sería otro GASTO. Hay algo claro: cada niño y cada niña que se queda en el albergue es porque en su casa no tiene un plato de comida. ¿Algo más? No son pocos. ¿Más? El diagnóstico de una nutricionista: “Se tienen que acostumbrar a comer”.

Huaco, con una población de alrededor de 850 personas y que año tras año se achica porque quienes pueden se van a capital a estudiar o trabajar y que no tiene altas tasas de reproducción, posee un solo hospital. Y apenas un médico, el cual está de lunes a viernes hasta las 4 de la tarde. El otro destino más cercano es Jáchal, una ciudad que queda a 40 km y una hora y media de viaje. El martes 31 de octubre les llegaron allí medicamentos pedidos hace tres meses. “Es un plan (el de Cobertura Universal) y si te quejás te lo quitan”, fue lo que contó la enfermera. Porque para quienes habitan los lugares de privilegio las personas y sus problemas no son lo primordial. Allí está la influencia de la minera, la cual derramó cianuro dos veces en el último año y tiene con una de las escuelas contrato por $4000, en el cual se detalla dónde se puede comprar y, claro, los precios están inflados. Vivimos en una contradicción constante, en un encuentro de sensaciones entre lo humano y el despojo de la vida.

El primer día de clases, luego de algunos agradecimientos, a la delegación del Mariano Acosta nos leyeron una poesía. Uno de sus versos velaba “por una sociedad más humana”.

Huaco son sus cuatro escuelas: Federico Cantoni, Buenaventura Luna, Alfredo Calcagno y Agrotécnica. Y más que cuatro estructuras edilicias. Allí hay sueños (no pocas veces truncos porque para cumplirlos es necesario irse y la situación económica no es la adecuada para eso). Y ojos que hablan. E historias de vida que merecen ser escuchadas. Hay prácticas abusivas que se repiten. Hay ausencias, como la que se encuentran en cada actividad: “no sé cómo dibujarlo a mi papa”.

En Huaco a veces las cocineras se quedan a comer en el albergue para poder llegar a fin de mes. Las maestras llegan desde Jáchal y, como no hay transporte directo, alquilan ellas mismas una combi que les cuesta 120 pesos diarios. La plata sale de sus bolsillos. Planifican doble porque trabajan en plurigrados.

Huaco fueron las empanadas y las tortas fritas. Ver las estrellas, en el campito, a las 5 de la mañana. La paz del medio ambiente, el sonido de los animales. Fue cada pulserita “para que no me olvides más”. Fue ver cómo el sol pegaba contra las montañas mientras desayunábamos o almorzábamos. Fue la pelota como puente para romper barreras. El juego como método de inclusión. Es la influencia fuerte de la Iglesia Católica y preguntarse qué función cumple más allá de una misa. Fue la confesión de la directora de Cantoni, entre lágrimas, acerca de uno de sus sueños: “La sonrisa de los chicos”.

Queda mucho por hacer. Y, como cantamos, un solo camino: “Seguir, seguir y seguir”.