miércoles, 20 de enero de 2021

¡Abran las escuelas!

 


Abran las escuelas, así filmamos a los pibes y a las pibas en otra movida de marketing, exponiendo no solo a la niñez y la juventud sino lo poco que les importa la educación y lo demasiado que les gusta las cámaras.

Abran las escuelas, así podemos seguir viendo cómo los medios masivos de (des)información callan lo esencial y alardean una política de globos amarillos mucho más cerca del cotillón que de lo esencial. Es que, en esta, lo esencial está a la vista y no es invisible a los ojos: en el último presupuesto presentado en Ciudad, la pauta publicitaria recibió un aumento de 2.140 millones de al mismo tiempo que al Plan Sarmiento le quitaron 372 millones.

Abran las escuelas, ¿o no ven que el macrismo no tiene presupuesto para garantizar la conectividad de todes? Si no no se explica –o sí- que lo recortado al Plan Sarmiento y a Infraestructura Escolar haya sido destinado a las escuelas privadas.

Abran las escuelas, así también rompemos el cerco mediático y logramos seguir mostrando el estado en el que están las escuelas en el distrito más rico del país, el mismo que en el global de los últimos dos años le recortó un 72% al presupuesto de Infraestructura educativa.

Abran las escuelas, pero no para los y las 20 mil pibes y pibas que no tuvieron bacante en el sistema estatal de educación durante el 2020.

Abran las escuelas, a ver si ahí sí empiezan a entregar computadoras, esas que el larretismo, por decisión política, dejó de entregar en el 2019 en otro recorte presupuestario para algo que no les interesa: la educación.

Abran las escuelas, menos las 47 rurales que cerró María Eugenia Vidal durante su gestión en provincia.

Abran las escuelas, ¿o aún no se dieron cuenta de que nunca cerraron y que, mientras el PRO recortó presupuesto, adentro de las escuelas los bolsones de comida se siguieron repartiendo, les docentes no frenamos nunca y los insumos que debiera garantizar el macrismo nunca llegaron?

Abran las escuelas, así cumplimos con el anhelo de integrarnos al mundo. En el Reino Unido, durante noviembre, mes de clases y escuelas abiertas, hubo dos grupos etarios que fueron los que más contagios sufrieron: 5-12 años y 13-17.

Hipocresía. No cabe otro calificativo. Porque días antes de que el PRO, con Mauricio Macri a la cabeza, sacara una carta con la exigencia de “Abran las escuelas”, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con Horacio Larreta como mandamás, presentó el presupuesto más bajo de la historia destinado a educación.

sábado, 7 de diciembre de 2019

Creo


 Golpean la puerta. Abre Mafalda. Preguntan por el jefe. “En esta familia no hay jefes, somos una cooperativa”, responde la niña en cuestión y, de un portazo, le cierra en la cara. Podría -de hecho lo es- ser una simple alusión a una historieta de la tira a la que Quino le dio vida, pero también es una manera de describir la manera de entendernos y funcionar en Huaco como delegación.

¿Acaso qué es la horizontalidad si no es pensarnos como pares? Desde la palabra se enseña, desde el diálogo se construye, desde lo colectivo se idea y se crea. Lejos de imponer, proponer; lejos de lo establecido, la deconstrucción. ¿Cerca de este Proyecto?: el amor, la ternura, la sensibilidad, la humanización y las cachetadas a lo naturalizado.

“Nosotros tenemos que tomar nuestras propias decisiones y no que otros la tomen por nosotros”, Ezequiel, escuela Calcagno, recitador de una brillantez inimaginable. Fue el mismo que nos contó que allí las madres llevan adelante una cooperativa para organizarse y decidir las necesidades alrededor de los alimentos. Tener la oportunidad. Decidir. De ese concepto hablamos. De ese verbo que nos permite volar un poco más. Así lo entiende Joaquín, un purrete tan hablador como cariñoso, cuando me vio el pañuelo del aborto (“se hacen igual y las chicas mueren”, esbozó una alumna de la Agrotécnica), me preguntó qué opinaba, se lo fundamenté y me dio su punto de vista: “que puedan decidir (las mujeres, sobre su propio cuerpo)”. Nos dimos la mano y seguimos haciendo pulseritas.

Viajar en la primera fecha pactada se esfumó por diversas festividades sanjuaninas. Emprender viaje en la segunda y última oportunidad parecía una utopía a la que la indiferencia y la negación del gobierno porteño nos sometía. Pero donde hay sueños las utopías dejan de serlo y se transforman en luchas. Y nos movimos. Nos organizamos. Y el viaje salió. Y vaya que salió. “El primer día de clase ya los chicos y las chicas nos preguntaron cuándo venían”, nos contó una de las maestras de la escuela Buenaventura Luna. 

“Creo que educar es combatir y el silencio no es mi idioma
Creo en tu sonrisa creo en mí si te veo hoy
y me pedís que no me rinda...Sigo por vos”.

En una realidad en la que el Estado baja 14 pesos por cada pibe y por cada piba por día allí estamos. Y estamos no solo con las donaciones. Ahí estamos pensando y pensándonos con Mafalda, con la Educación Sexual Integral, con el juego como herramienta de expresión y de inclusión, con la sonrisa como vitamina. Porque, les juro, mirar esos ojos, escuchar esas risas, interpelar  esas inquietudes, poner el cuerpo y la cabeza es maravilloso.

¿Cómo nos pensamos desde la ausencia? ¿Qué significará lo ausente en un sistema que cada vez nos vende más cotillón pero en el que no tenemos las necesidades básicas cubiertas? ¿Dónde, cómo, por qué nace la ausencia del Estado, de la familia, de la escuela? Los sueños parecen frustrados. Sí, ya a los 10, 11, 12 años hay una conciencia de la imposibilidad de ser. Los brazos no se bajan. La realidad pega. Porque si las mineras que nos vacían y nos contaminan no ceden es porque hay grandes intereses detrás, y justamente no son las migajas que le quedan a las escuelas.

Huaco fue (y es) que alguien venga y, mirando las estrellas, te diga “acá puedo ser yo”. Y eso es consecuencia del modo de entender este espacio: solidaridad, mirarse a los ojos, compartir, juntarse, discutir, repensar y reconstruir. Huaco fue escuchar a una mamá diciéndole a su hijo “comé acá -en la escuela- porque en casa no hay comida”. Fue estar, la última noche, pasada las 12, pintando las rejas de la escuela mientras el oído escuchaba “lo que me pone bien es que me siento parte de un grupo”. Ser. Estar siendo. Estamos siendo con otres al lado. Huaco, ese pueblo acercándose al límite con Chile, fue repensar lógicas con Mafalda y Manolito y entender que “no hay cosas de chicos y cosas de chicas” porque entendemos al género como una construcción social. 

El juego (“Jugar”, nos gritan al vernos. Porque también somos eso) y el dibujo son herramientas infinitamente necesarias para conocernos y expresar lo que a veces con la palabra no podemos. Para que, por ejemplo, aparezca un hermano que ya no está; o, también, para comprender que ningún niñe quiere irse de Huaco, ya que en un futuro se ve ahí con su casa y su familia. Hablemos de identidad también, del contacto con la tierra, la naturaleza y esos sentidos que pareciera que en los manicomios capitalinos perdemos de a largos ratos.

“¿Vas a venir el año que viene? Yo te voy a estar esperando”. Si las despedidas son esos dolores dulces, acá también son un empujón para seguir. Esas lágrimas por irnos hay que entenderlas más como alegría por lo vivido que por lo que no estará al día siguiente. Porque si “para el mundo somos alguien y para alguien somos el mundo” es porque las huellas están latentes, los recuerdos no se borran, las semillas crecen y los sueños nos siguen empujando a transformar.

miércoles, 16 de enero de 2019

Vamos a darle la vuelta al mundo (o a dar vuelta el mundo)


Solo pusimos dos condiciones para jugar: la primera, que había que mojarse la cabeza a cada rato; la segunda, que los equipos los armábamos entre todos. Es que claro, estábamos rondando el mediodía, el sol quemaba como esos corazones que se reflejaban en esas sonrisas contagiosas y maravillosas, alrededor de 30 grados y con las montañas de fondo que nos iluminaban no la vista sino la vida.

Si cerramos los ojos y no imaginamos algo mejor es porque sabemos que, siempre, hay un otro. Una otra. Un alguien más allá de nuestro ombligo. Y por eso escuchamos. Y por eso los prejuicios hay que dejarlos de lado. Y por eso levantamos la bandera de revolucionar todo. Si se transita ese camino es porque la sensibilidad juega un papel fundamental. La sensibilidad, eso. La sensibilidad es el gran atajo para ver esta vida demasiado mal diseñada como algo transformador.

No sé qué ni quiénes ni quién carajo va a tomar alguna vez, desde los lugares de poder, la decisión de que así las cosas no van. Lo que sí sé es que esperar quietos y quietas no es una opción. Que la indiferencia no es una opción. Porque no podemos permitirnos ser indiferentes, por ejemplo, a Thiaguito, a quien el Estado “no puede” garantizarle los medicamentos necesarios –con un costo de 4 mil pesos por mes- para tratar su retraso madurativo. A quien el Estado DECIDE no otorgarle el certificado de discapacidad porque eso conlleva beneficios para él como viajar gratis. Váyanse a la mierda.

4 mil pesos. 4 mil pesos. ¿Qué son 4 mil pesos? Nada (O para Thiago, mucho). Ahí un tema: ¿qué somos para el Estado? ¿Quiénes somos para los y las que toman decisiones?

Ese mismo Estado que “no puede” proveer algo básico como la salud es el mismo que recauda cientos de millones por su vínculo con las multinacionales mineras que destruyen nuestra tierra. Porque ahí nomás, en Huaco, a unos kilómetros de la escuela Calcagno, donde el sol al mediodía quemaba tanto como la pasión por pensar un mundo mejor, están funcionando las empresas saqueadoras que, primero, se llevan el oro y los minerales y, segundo, las ganancias. Para eso es inevitable transar con el, en este caso, gobierno provincial. Y volvamos a lo mismo: el Estado. “No puede” asignar 4 mil pesos pero sí da rienda suelta a los negociados. Mucho para los poderosos, nada para quienes lo necesitan.

El mismo Thiago que ahí lo vemos, sonriendo. Sonriendo después de jugar y correr. De sentir que era parte de algo. De sonreír porque eso es jugar, compartir. Sintiéndose, tal vez en ese momento, libre y uno más. Como cualquiera de los que jugamos ese partido. Perdón, la seguimos luego. Es momento de ir a mojarnos la cabeza.

La cultura del abrazo y la revolución


Un “te quiero”. Un beso. Un abrazo. Un “te voy a extrañar”. Un “no te vayas”. No busquen más. Si pensamos y nos creímos que la vida iba por otros carriles nos estamos equivocando. Allí está todo: en la capacidad y el sentir que tengamos de expresarnos, llorar, movilizarnos y poner el cuerpo en esta aventura llamada vivir.

Huaco tal vez resuma a la perfección, como esa canción que entona “el valor de vivir” que acompañamos con la guitarra, que es necesario romper con lógicas comunicacionales implantadas en las sociedades modernas. Porque estamos más comunicados pero menos informados. Así lo resumió una de las maestras de la escuela Calcagno durante el almuerzo despedida: “Nos relacionamos más por redes que persona a persona. Hay que estar contentos con este modo de vincularse”. Bienvenidos y bienvenidas. Esto es el Proyecto Malimán-Huaco. Y estamos orgullosos y orgullosas de ser así. 

Minutos antes, la misma docente casi que nos había dejado perplejos con algo tan simple como que “somos protagonistas de nuestras vidas”. Y no es todo: el director de la misma escuela, antes de cerrar el acto, expresó de manera tan natural pero que por tan natural que sea no deja de significar un enorme empuje en esta locura, que “en cada comienzo de ciclo lectivo los chicos y las chicas preguntan si este año viene el Mariano Acosta”. Y en cada caminata de escuela a escuela nos saludan y nos levantan las manos. Y ahí vamos. Y seguimos. Y seguiremos.

¿En serio a alguien se le pasa por la cabeza pensar esto como asistencialista? ¿En serio cree eso mientras pensamos, planteamos y discutimos en San Juan por qué usar el lenguaje inclusivo? ¿En serio es asistencialismo entender que las actividades deben estar marcadas por la Educación Sexual Integral? ¿Realmente lo ven de esa manera sin saber que desde este espacio buscamos becas para que quienes terminen el secundario puedan volar y no angustiarse? ¿Lo ven así aún sin codearse ni vivir lo que es hablar de por qué el aborto debe ser legal en una sociedad en la que la iglesia tiene una importancia imponente? ¿En serio cuando reflexionamos que “lo que importa es que el lenguaje inclusivo ponga en discusión algunas cosas”? ¿De verdad van a creer que, mientras el Estado, tan ausente como cómplice, gasta (porque, para quienes gobiernan, los pibes y las pibas son un gasto) apenas 15 pesos por día por cada alumno y alumna, sabiendo que las escuelas albergues deben hacer magia con eso, este laburo que hacemos no tiene un costado transformador y revolucionario? 

“La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”, Eduardo Galeano.

Los meses previos al viaje tienen el foco en qué tipo de actividades plantearemos en las cuatro escuelas que visitamos en Huaco y en la de Malimán. Este año fue el turno de los derechos. “Tenemos derecho a decir que no”. No sabemos qué dejamos, cuánto plantamos, qué se llevan y cómo se canaliza en el día a día. Pero la respuesta ahí está. Salió. Resulta duro pensarse a uno mismo y una misma. Y más cuando desde una actividad como esta se desprende que niños de entre 8 y 10 se ven en un futuro no siendo felices sino más relacionados con contextos de muerte y violencia.

Logramos entender algunas dinámicas escolares. Y hay lógicas que en la escuela como institución se reproducen y no se rompen: ¿vamos a seguir pensando la educación como reproductora de desigualdades o como una verdadera emancipación? Notamos que entre los alumnos y las alumnas se plasman relaciones de poder de hombres sobre mujeres y de grandes sobre pequeños. Si en la casa se sufre en la escuela se refleja ese sufrimiento contra otros y otras. Y allí hay que rescatar a Paulo Freire en su Pedagogía del oprimido: “El gran problema radica en cómo podrán los oprimidos, que alojan ese opresor en sí, participar de la elaboración de la pedagogía para su liberación”.

Y si estamos más comunicados pero menos informados ahí está Thiago. Porque si tocamos los derechos tal vez nos haya faltado el derecho a la información. Es que a la familia de thiaguito le dijeron que nadie (llámese Estado) puede hacerse cargo de los medicamentos que necesita para tratar su retraso madurativo. Son 4 mil pesos por mes. Estado ausente, derechos torcidos. Derechos torcidos, desigualdad reinante. La ruleta de la vida que continuará jugando con cada persona. Como si estos niños y estas niñas no interesasen. “Otra opción es sacarle el certificado de discapacidad, pero a los gobernantes no les conviene porque eso significaría que viaje gratis, que se realice el tratamiento gratis (algo que es ley)”.

“Los medios manipulan todo”. Tal vez no haya otras mejores cuatro palabras que estas desprendidas de una charla con docentes de la secundaria de Cantoni. Porque en Jujuy cierran profesorados y nadie se entera. En San Juan los están cerrando y los medios masivos de desinformación comunican y operan pero no informan. Las puertas que en el Proyecto pensamos cómo abrir, desde los lugares de privilegio las cierran. ¿Qué significará para un pibe y una piba de entre 17 y 19 años irse de sus casas y dejar todo? ¿Cuánto empujarán las alas de los sueños para salir de ese círculo de la gendarmería y la minería?

En esta cultura del abrazo, que sin dudas nos hace crecer como personas y nos humaniza, entendemos que acompañar es abrazar, es respetar los silencios, es sonreír y es compartir. Es comprender constantemente que hay otra persona al lado, que viajar juntes es mejor que en soledad. Es habilitar un mundo atropellado y pisoteado, por ejemplo, por las mineras que explotan las montañas que inundan el paisaje de Huaco. Las mismas multinacionales que, del total de sus ganancias, se llevan el 98 por ciento a sus países y que el resto queda para los gobernantes de turno. No solo se llevan todo el oro –del cual solo queda el subterráneo- sino que contaminan y saquean nuestros recursos naturales, algo que lo padece la Agrotécnica (la única escuela secundaria que hay) porque cada derrame atenta contra el suelo, los cultivos y cada materia que se practica con el contacto con la naturaleza. “Hasta que no salgamos todos nada va a cambiar y se nos van a seguir cagándonos de risa”. ¿Por qué la tierra no es de quienes la trabajan y sí de quienes explotan a quienes la trabajan?

Comprendimos que proponer es mejor que imponer. Que hay silencios que son salud. Y más cuando se dan a la medianoche, con un cielo tan estrellado que nos invitaba a pensar en todo lo que nos perdemos a diario en nuestra cotidianeidad de apuros.

Si algo entendimos es que estamos vivos y vivas. Las despedidas son esos dolores dulces. Si hubo dolor fue porque nos sensibilizamos en un mundo cada vez más alejado de las emociones. Si nos emocionamos no es porque nos despidamos sino porque sabemos que hay vacíos difíciles de explicar y suplir: “Cuando venía el Mariano Acosta amaba venir a la escuela”. ¿Repensar si dejamos algo? No sabemos si vamos a cambiar al mundo. Lo que sí supimos es que nuestra mirada del mundo cambia en cada aventura. Y que si seguimos soñando es porque la indiferencia no está en nuestro diccionario.

martes, 24 de julio de 2018

Francia; entre ser campeón mundial, las migraciones y el capitalismo


En la Argentina, en la actualidad, residen más de dos millones de personas que nacieron en otros países. ¿Se imaginan a un hijo de matrimonio boliviano jugando como volante por derecha en el seleccionado argentino? ¿Y a un hijo de familia peruana que sea el defensor central de Argentina en un Mundial? ¿O un hijo que tuvieron una pareja paraguaya que sea el volante central de la Selección Nacional?

Francia, con la victoria 4-2 ante Croacia en la final, se coronó campeón mundial por segunda vez en su historia. De los 23 jugadores que eligió el entrenador Didier Deschamps para afrontar la Copa del Mundo, 14 tienen raíces africanas. Es decir, casi el 80 por ciento de un plantel que en su mayoría juega en las grandes ligas europeas. Y un dato más: solo el arquero suplente Steve Mandanda (nacido en Congo hace 33 años) y el defensor central Samuel Umtiti (en Camerún hace 24 años, el mismo que luego de Brasil 2014 le rechazó en la cara al símbolo camerunés Roger Milla jugar en su país de nacimiento porque se sentía francés) no nacieron en suelos franceses, algo que nos abre a un sinfín de preguntas y reflexiones.

¿Qué es la identidad? ¿No es acaso una construcción cultural y colectiva de todos los pueblos del mundo? ¿No se trata de, además de todas las construcciones colectivas, una reflexión hacia adentro de cada uno y cada una? ¿Cuando nos referimos a la identidad no nos estamos refiriendo a patrones culturales, valores y hasta normalidades impuestas y construidas desde algunos lugares? ¿Tal vez no sea momento de romper con esas imposiciones y esas naturalizaciones y pensar el mundo desde lo multicultural, la diversidad y el intercambio enriquecedor y emancipador?

El mundo se mueve. Las personas se mueven. Debe haber pocas cuestiones más dolorosas que dejar la tierra en la que se nació. Pero vivimos en un mundo capitalista. Es decir, en un planeta con hambre, desigualdad, guerras, globalización y un mercado al que le importa más dónde conseguir explotación y mano de obra barata que el desarrollo de cada ser humano. Por eso las guerras, las muertes de inocentes, las migraciones y refugiados. ¿Hacia dónde emigran los que emigran? ¿Qué buscan? Escapan de conflictos bélicos, realizan odiseas en busca de trabajos que saben que en sus tierras natales jamás conseguirán…

Entender el salvajismo con el que se mueve este sistema es acercarse a comprender más por qué el campeón de Rusia 2018 cuenta entre sus filas con más de la mitad de intérpretes con raíces africanas. Alrededor del comienzo de la tercera década del siglo XIX los franceses comenzaron la colonización en África con varias expediciones. Jules Ferry, un conservador francés de la época, justificó cada medida colonizadora en un Congreso de 1885 en el que expresó que “la política colonial se impone en las nociones que deben recurrir o la emigración, ya por ser pobre su población o por ser excesiva”. La estigmatización de la pobreza.

Es complicado comprender el presente sin tener en cuenta el pasado. Vayámonos hacia 1981. Es el año en el que llega al continente africano el PAE. ¿Qué es esto? El Programa de Ajuste Estructural. Fue una serie de órdenes y medidas dictadas en conjunto por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y La Casa de Washington para ajustar y continuar con el hambre en África. La excusa, como siempre, fue que llegaban para sanar todos los problemas. Es decir, los mismos entes y las mismas recetas que causan hambre y miseria son los que dicen traer supuestas soluciones. Se bajaron los salarios (se acusaba que los empleados públicos tenían sueldos altos), se privatizaron servicios esenciales como salud y educación y se destruyó la industria local al abrirle el juego y el camino al mercado. El mismo mercado que manejan las instituciones ya mencionadas.

Entonces, en este contexto, ¿cómo no se van a causar miles de flujos migratorios si el sistema no da oportunidades? ¿No será momento de entender la diversidad y la complementariedad de culturas para, desde ahí, disputarle a esta forma discriminatoria y xenófoba de vivir un modelo que sí entienda de la inclusión y la hermandad entre pueblos y países?

El conservador y ex Primer Ministro de Francia, Francois Fillon, propuso durante su gestión que se revise la Constitución para que haya un tope de inmigrantes. Es sabido que en las calles de cada ciudad francesa a los negros los para la policía para pedirles documento. Parece haber un lema que sobrevuela por los aires que dice que si nos hacés ganar sos francés si no sos un inmigrante indocumentado. ¿Acaso cuántos Kylian Mbappé habrá por las calles parisinas buscándose la vida y alguna oportunidad para subsistir y sobrevivir? Mbappé, la estrella que parece que viene a discutir el reinado de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, tiene a un padre que es camerunés y a una madre que es argelina. ¿Con qué derecho se le cuestiona que no es francés?

¿Qué hace a alguien más o menos –en este caso- francés? ¿Realmente no son más nocivos los políticos que impulsan estas medidas racistas y que segregan que cada persona que tiene la necesidad de cruzar mares y océanos en búsqueda del bienestar?

El capitalismo usa a estos jóvenes estrellas para introducirlos en un fútbol globalizado que es sinónimo de una maquinaria de negocios y dinero. Estos jugadores, en su niñez, fueron presos de un sistema que agobia, maltrata y excluye y ahora lo son de un deporte que los usa, los muestra, los hace plata y cuando llegue el momento los descartará. Francia, en 1998, año en el que obtuvo su primer Mundial, contaba con apenas ocho jugadores de origen francés. Eric Cantoná, quien había sido excluido del seleccionado nacional, reflexionó para Les Bleus: “Cuando ganan son negros, blancos y árabes; cuando pierden son gentuza de los guetos”. Es el mismo documental que comienza con “el fútbol es política” del ex defensor central Lilam Thuram.

Identidad y resultadismo. Eso. Resultadismo, la clara penetración del capitalismo en el deporte. Si no ganás no existís. Si no tenés no sos nadie. Me representás solo si ganás. La sociedad francesa permanece con estos debates desde hace décadas. Y más cuando es influenciada por el político Jean-Marie Le Pen, quien presidió hasta el 2011 el partido ultra derechista Frente Nacional y durante la Eurocopa de 1996 atinó a esbozar: “Noto que los jugadores de otras selecciones cantan el himno con fervor, mientras que la mayoría de los jugadores de la selección de Francia no lo cantan o no saben la letra. Me parece un poco artificial reclutar jugadores del extranjero”.

¿Qué es lo que nos lleva a pensar que una persona que no nace en un país pero vive la mayoría de su vida allí, adopta sus costumbres, valores y cultura no puede tener la identidad de donde eligió ir o la vida la llevó? ¿Entonces, con ese paradigma, deberíamos entender que la mayoría que habita suelo argentino no son como tal sino que son italianos o españoles, entre otros? Combatir al capitalismo es también poder tener la sensibilidad de estar del lado de quienes sufren injusticias y son despojados de sus raíces.

lunes, 25 de junio de 2018

Mercantilización y educación

Un análisis de los discursos que giran alrededor de la venta de tecnología y de programas para utilizar en el aula.


En las sociedades actuales existen dos conceptos, los de información y comunicación, que resaltan en la cotidianeidad de nuestros días. Pareciera que se está todo el tiempo sabiendo todo lo que pasa y más comunicados. La aparición de las nuevas tecnologías (celulares, redes, TV interactiva, etc.) han llegado para quedarse y la escuela no es ajena a este fenómeno. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en el ámbito educativo han cobrado un enorme valor, el cual solo parece relacionarse con el simple hecho de proveer una computadora por niño o niña, como si eso fuese suficiente para comprender las necesidades de cada uno y cada una. David Buckingham, en su libro Más allá de las tecnologías, señala: “Está implícita la idea de que distribuir información conducirá, de alguna manera automática, al conocimiento y el aprendizaje”.

Buckingham hace un análisis del impacto discursivo y empírico de las TIC alrededor de la escuela y escribió: “Cuestiono la noción de tecnología de la información, como si esos dispositivos se limitaran a actuar como medios para almacenar y distribuir un cuerpo inerte de hechos o datos. El término información implica de alguna manera que el contenido de la comunicación es neutro y que, al igual que la tecnología, es independiente de los intereses humanos”. Por eso considero necesario entender que, como se señala en el programa Aprender Conectados acerca de que ahora se alcanzará a toda la Argentina con conectividad y equipamiento, estos elementos no hacen a una mejor educación ni un más factible aprendizaje.

Se refiere a esto Inés Dussel, autora del libro Aprender y enseñar en la cultura digital: “La brecha hoy se produce entre usos más pobres y restringidos, y usos más ricos y relevantes. Por eso no es suficiente con dotar a las escuelas de computadoras y acceso a internet, sino que hace falta formar al docente para hacer usos más complejos y significativos de la cultura digital”. La alfabetización digital viene por este lado: apoderarse de los medios, producirlos, manipularlos y no ser solo consumidores de los mismos. Agrega Buckingham: “Creo fundamental que la escuela se ocupe de las experiencias culturales que viven los jóvenes fuera del aula, experiencias muchas veces relacionada con los medios digitales; percibo en el uso de los medios digitales un enorme potencial de los alumnos por tomar el control de los medios de producción, es decir, tomar esta tecnología para comunicarse, crear, representar expectativas e intereses”. Es poder ver y apreciar al niño y la niña como un sujeto con contexto, intereses y un mundo que lo rodea y que los medios digitales sean una herramienta de comprensión de la realidad y de mostrarse de manera activa y no pasiva ante el mundo.

En la actualidad, el mundo se está diseñando, hace décadas, alrededor de un nuevo capitalismo. ¿Por qué nuevo? Porque el mundo del trabajo giró hacia condicionamientos laborales que antes no se tenían tanto en cuenta como: trabajos cortos e inestables, relaciones virtuales, un capital impaciente porque se necesita un rendimiento urgente del mismo, la incertidumbre, y un cambio constante del perfil labora. Y en este último ítem, el del cambio constante del perfil laboral, me quiero enfocar, ya que hace referencia a las competencias. Referirse a competencias no es justamente ser competente con algo sino todo lo contrario: es la capacidad de adaptarse a los cambios y la flexibilidad capitalista que el mundo actual del trabajo plantea y exige. Así lo explica Angelique de Rey en Un hombre sin atributos: “La sociedad del conocimiento no exige a los individuos saberes, destrezas o incluso comportamientos y actitudes precisas, sino que sepan olvidar lo que saben, lo que saben hacer y lo que son, para adaptarse. El individuo actual debe poder cambiar tanto de conocimientos como de habilidades y de personalidad”. Y, de manera contundente, agrega: “Nos encontramos frente a la fabricación de un hombre que sabe hacerse flexible para adaptarse mejor a las necesidades de un sistema-mundo en el que la macroeconomía se ha vuelto central. Un hombre que sabe convertirse en una especie de pequeña computadora, capaz de cargar datos en su disco rígido y luego borrarlos; en pocas palabras, un hombre modular, para quien convertirse en sí mismo implica el olvido de sí mismo”.

Acá encuentro el sentido mercantil del negocio de las nuevas tecnologías alrededor de la educación: es imponer, ya desde la venta de programas y equipamientos desde niños y niñas, una forma de ver el mundo que se relaciona con lo flexible, con el saber hacer más que con el ser; es decir, con las competencias. Así lo enlaza Buckingham: “La introducción de la computadora como dispositivo educativo no fue natural e inevitable; fue producto de imperativos políticos, económicos y sociales. Para los políticos, centrarse en la tecnología parecía proporcionar una ocasión de ocuparse de temas vinculados a la competitividad internacional y la necesidad de una fuerza de trabajo bien disciplinada”. Competitividad, competencias…todas formas de relacionarse que tienen que ver más con las empresas que con la escuela.

Me resulta imprescindible no sacarle el foco a lo que plantea Buckingham: “El empleo de las TIC en la educación se concibe como un elemento indispensable en el proceso de actualización de las habilidades de la fuerza de trabajo del futuro y una forma de garantizar sus probabilidades de conseguir empleo. El uso de la tecnología en educación es una respuesta directa a las exigencias de la economía moderna. Este discurso de habilidad tecnológica propone una articulación particular de la educación, el mercado comercial y el futuro trabajador/consumidor”.

Al estar tan presentes las características de flexibilidad e incertidumbre es complejo que la palabra cambio no se asimile a la realidad. Por eso es bueno traer lo que Richard Sennet escribió en La corrosión del carácter: “Los tiempos se han asimilado entre el trabajo y el consumo. Ahora el trabajo se resuelve en el corto plazo, las relaciones son superficiales y funcionales a las exigencias del cambio repentino”.

Tal vez en estos párrafos encontremos más motivos para entender la deshumanización que se sufre a diario. En una sociedad y una conformación de la vida que no interviene para le emancipación de las personas sino para advertirle, si quieren permanecer en el sistema, cómo deben actuar, cómo deben ser y que lo que son no sirve si no es redituable.

Uno de los términos utilizados por Angelique de Rey y que no hay que pasar por alto es el de sociedad del conocimiento. Se cree que el uso de tecnología más la circulación de información hacen al conocimiento. Pero no. Es interesante lo que plantea Renán Vega Cantor en Sociedad del conocimiento, una falacia comercial del capitalismo contemporáneo: “En esta sociedad del conocimiento el conocimiento es artificial porque se trata más de almacenar datos que de comprender los problemas reales”. Y aquí, otra vez, la importancia de la alfabetización digital tomada desde enseñar a usar tecnología y no de usarla porque sí.

Analiza Vega Cantor que “lo que la tal sociedad del conocimiento depara es algo completamente distinto que niega el carácter democrático de la universidad, al especializar ´recursos humanos´ funcionales para el capitalismo transnacional, una fuerza de trabajo diestra técnicamente, poco costosa, que no piense y absolutamente despolitizada”. Entonces, desde la escuela y como docentes, ¿pensamos a los niños y las niñas como futuros sujetos empleables o como ciudadanos críticos, democráticos y sensibles ante la realidad?

Al respecto expone Buckingham: “El discurso de la sociedad de la información o economía del conocimiento construye al niño como futuro trabajador y consumidor de información. En esta construcción se concibe al niño como un hacerse y no como un ser. Se presta poca atención a verlos como productores de información, solo se atina a verlos como consumidores para no quedarse afuera de esta era tecnológica”. Un discurso que no sale de quienes transitaron las aulas, investigaron, crearon conocimiento científico y fueron críticos sino de entes económicos mundiales como el Banco Mundial, que necesita y se abastece de estos conceptos vacíos y engañosos para justificar la implementación de las TIC y su consiguiente negocio alrededor de la educación. Acá notamos un punto de contacto con la globalización y la idea de, desde el exterior, impartir en lo local y destruirlo. En relación a esto escribió Néstor Canclini en La globalización imaginada: “Transferir las instancias de decisión de la política nacional a una difusa economía transnacional está contribuyendo a reducir los gobiernos nacionales a administradores de decisiones ajenas”.


sábado, 2 de junio de 2018

Pensar y pensarnos

Vivimos en la era de la inmediatez. La era en la que el "todo ya" se impone a la reflexión. Una época en la que cada vez se nos complica más entender que no somos, sino que estamos siendo.Y en ese estar siendo es romperse la cabeza para entender que las naturalizaciones no son cuestiones justamente naturales sino construcciones sociales. Entonces, pensar en esas construcciones sociales es empezar a ganarle a la inmediatez. Ser es más importante que tener.
Desde el ProyectoMaliman Huaco propusimos para hoy esta charla de género para, justamente, pensar y pensarnos. Como personas. Como sujetos de una sociedad capitalista que impone e impone y no pregunta sino que prejuzga. Y justamente por pensarnos como personas es que hace 12 años se aprobó la Ley de Educación Sexual Integral (ESI): "Es revolucionaria porque reconoce la diversidad y abre a más mundos".
"A veces, el abrazo es mucho más que mil palabras".
¿Cuánto tiempo nos tomamos para preguntarle a la otra persona cómo está, cómo se siente, qué siente, qué desea? "Cuando hablamos de sexualidad es muy importante cómo uno o una se auto percibe".
Sexo y género no van de la mano. Las imposiciones y los sentimientos tampoco. Si existe en el Proyecto un taller como este es porque existen allí gente que hace de gente, se expresa y cuestiona: "No puedo cambiar el mundo pero sí cambiar mi mundo". Y si pensamos nuestro mundo tal vez nos despojaremos de prejuicios. Y si nos despojamos de prejuicios vamos a ser un poco menos de mierda.